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Cuba 2021: una calma de dientes apretados o el cuadro que Kandinsky no pintó

Cuba vive su peor crisis en 30 años. Por estos días, una decisión oficial puede complicar aún más el escenario político. 


Kandinsky es también el círculo, lo infinito, el eterno retorno de los procesos sociales matizados con el carácter de su tiempo, la sociedad diversa y encerrada; círculos que convergen y divergen. Sociedad atravesada por corrientes telúricas de pensamientos enfrentados: fuerzas externas que le obligaron a Kandinsky replantear constantemente el futuro.

Eliseo Lima. “Kandinsky musicolor vs. mocromatismo censor”

 

por Olimpo Fonseca

 

El pintor ruso Vassili Kandinski sufrió la intolerancia política mucho antes que sucedieran las purgas estalinistas. El constructivismo con su discurso de (excelente y artística) propaganda política se imponía y, la obra plástica de Kandinsky -quien intentaba dibujar la música-, fue quedando cada vez más relegada; al punto de ser excluido casi por completo del circuito artístico. Un proceso similar -y por las mismas razones-, sufrió Marc Chagall. Cercados por la intolerancia, ambos terminaron abandonando la Rusia soviética en 1920 y 1923, respectivamente.

El autoexilio de Kandinsky y Chagall, más que el triunfo de una corriente artística sobre otra, fue la imposición de una ideología sobre aquellos artistas renuentes a entregar por completo su arte a la Revolución. Es de sobra conocido que tras la llegada de Stalin al poder y sobre todo con Zhdánov, Gorki y compañía controlando la casi totalidad de la producción cultural, lo vivido por Kandinsky y Chagall alcanzó niveles criminales. También es conocido que, de una manera u otra, el fenómeno de la intolerancia política para con artistas e intelectuales se repitió en todos los países que intentaron construir el socialismo. Hoy, en Cuba, la censura no pasa por la imposición de una visión artística sobre otra, sino sobre el contenido de la obra.

En el escenario cubano actual, cuando el país vive su mayor crisis económica en treinta años, la censura solo ayuda a que el descontento social crezca y sea monopolizado por la derecha, la cual argumenta que la represión es inherente al socialismo.

El Martí de Carolina Barrero o cómo la burocracia cubana se construye un caso Hasel

En Cuba, un grupo de hechos recientes pareciera confirmar la afirmación anticomunista de que la censura y la limitación de derechos ciudadanos es inherente al socialismo. El pasado 3 de febrero, a la historiadora del arte Carolina Barrero la policía le incautó varias reproducciones de un dibujo de Martí con los versos “Dos patrias tengo yo/ Cuba y la noche o son las mismas las dos”. Se le inculpó de cometer el delito “clandestinidad de impresos”, tipificado en el artículo 241 del Código Penal: “El que confeccione, difunda, o haga circular publicaciones sin indicar la imprenta o el lugar de impresión o sin cumplir las reglas establecidas para la identificación de su autor o de su procedencia, o las reproduzca, almacene o transporte, incurre en sanción de privación de libertad de tres a  nueve meses o multa de hasta 270 cuotas”. Un mes y dos semanas después –detenciones mediante y realizadas sin explicación- a Carolina Barrero no se le ha notificado aún si será juzgada o no.

Como es lógico, la inculpación a Carolina Barrero no solo se produce por un par de versos y un dibujo que la censura entendió como una temible arma subversiva. En realidad se le intenta hacer pagar su desafiante postura política, o sea, el haber participado en los sucesos del Ministerio de Cultura del 27 de enero (llevando a cabo la “terrible acción” de leer en voz alta poemas de José Martí) y, sobre todo, el que después ella entregara, personalmente, en el parlamento una carta exigiendo la dimisión del ministro de Cultura.

Nos encontramos así ante una situación doblemente riesgosa. Primero, no solo se viola los derechos de una ciudadana -pues Carolina Barrero ya declaró dónde imprimió los volantes y asumió la autoría de los mismos- sino que lanza el grave precedente del temor a imprimir documentos, sobre todo en negocios privados. En la práctica, el artículo 241 del Código Penal es hoy por completo improcedente: decenas de locales –de manera autorizada- se dedican a realizar todo tipo de impresión: entre ellas, textos.

Esto marca entonces una peligrosa discrecionalidad en la aplicación del citado artículo pues, en teoría, todos los textos impresos en dichos lugares serían susceptibles a ser un “impreso clandestino”, ya que ninguno de estos negocios tiene un sello de imprenta o editorial por el cual se puedan identificar. A su vez, quedan también en tela de juicio las impresoras digitales que se pueda tener en un hogar. O sea, la ley puede elegir a quién o a qué aplicar el artículo 241.

Segundo, ya viéndolo desde un frío pragmatismo político, en el caso de que Carolina Barrero fuera llevada a juicio, o, peor aún, se sancionara a privación de libertad, se estaría ante las puertas de una nueva crisis política como la vivida el pasado 27 de noviembre frente del Ministerio de Cultura –incluso mayor-. Por si fuera poco, las autoridades han continuado hostigando a Carolina Barrero, construyendo ellos mismos la figura tan temida por todo Gobierno: la mártir transformada en causa política e incluso, lideresa de protestas. Algo que no es en difícil de lograr en Carolina Barrero, quien reúne todas las condiciones para ello.  

Carolina Barrero es, ante todo, una intelectual, y por tanto encarna en su persona la dicotomía creador censurado vs. Estado censor, detonante el cual generó las grandes tensiones del 27 de Noviembre de 2020. A ello se le suma que su imagen no está vinculada con ninguna organización política, alejada por tanto de los típicos discursos de la oposición derechista, deslegitimados estos por sus propias prácticas políticas.

A esta nueva figura política que es Carolina Barrero, se incorpora además la imagen de Mujer vs. Estado patriarcal, el cual, por demás, es mayoritariamente gobernado por hombres. La condición fémina represaliada por el Estado machista, en un escenario donde se exige la Ley de Género, más el ambiente de consecuente rechazo a determinadas posturas y decisiones machistas tomadas por la dirección del país, más el ocultamiento de feminicidios, provoca que la imagen de Carolina Barrero (mujer) frente al Estado (hombre maltratador) sea aún más movilizativa. Además, con su sola presencia, Carolina Barrero echa abajo al héroe macho caudillo representado por los Luis Manuel Otero Alcántara y Daniel Ferrer, siendo ella -y su posible detención- una causa de mayor convocatoria, pues incorpora así legítimos reclamos auténticamente feministas.

A ello se le incorpora que Carolina Barrero es una mujer joven, enfrentada a un Gobierno el cual -aunque ha relevado a la mayor parte de su antigua dirigencia-, sigue siendo percibido como gerontócrata. Ya por último, y visto desde una perspectiva comunicacional sexista (la cual desgraciadamente aún causa impacto en las mayorías), Carolina Barrero cumple con los cánones estéticos establecidos por la cultura occidental judeocristiana.

En resumen, su solo enjuiciamento, o lo que puede ser peor, su condena al menos tres meses de prisión, pudiera resultar un gravísimo y muy costoso error político para el Gobierno cubano.

¿Cómo justificar que una joven intelectual ha sido procesada por imprimir un dibujo con un par de versos? Solamente el juicio generaría una gran tensión política: el alegato político de Carolina Barrero ante los fiscales, el show mediático del diario reporte de lo sucedido en los tribunales; y, sobre todo, tengamos en cuenta un factor decisivo, la sensibilidad y justa solidaridad que se generará hacia ella entre la intelectualidad cubana e internacional.

Esta sucesión de hechos (solidaridad, divulgación y protestas) acaba de tener lugar en España cuando un joven rapero, Pablo Hasel, fue condenado a prisión. Todo el proceso ante las cortes y la posterior ejecución de la sentencia, produjo fuertes manifestaciones callejeras que duraron más de una semana.  

Por demás, la imagen mujer-intelectual-joven procesada por el Estado-macho-censor-gerontócrata, despertaría una ola internacional de sinceras reacciones en el sector de las artes y la intelectualidad. Sin olvidar nunca la tremenda manipulación política que desatarán las derechas imperialistas y sus medios de prensa.

Según la misma Carolina Barrero ha publicado en su cuenta de Facebook, las autoridades tienen hasta el 24 de marzo para darle a conocer la decisión de si será o no juzgada. O sea, durante estos días sabremos si, el Gobierno supo, no solo respetar los derechos ciudadanos de una persona, sino además, tener la habilidad política de librarse de una crisis incalculable.

¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento

Quienes nos ubicamos en las izquierdas cubanas (marxistas o no, militantes del PCC o no), debemos estar muy atentos a lo que suceda y saber qué hacer. Además de presionar desde la solidaridad efectiva para evitar la condena de Carolina Barrero, será imperativo evitar que las derechas monopolicen cualquier protesta, y por tanto, las legítimas reivindicaciones ciudadanas; las cuales, como es de esperar, se incorporarían en el devenir de los hechos. Aunque la derecha no tiene un programa político estructurado, durante estos meses lanzó una fuerte y efectiva campaña en las redes sociales. Es una propaganda tan bien construida que a veces resulta difícil distinguir cuándo comienza una espontánea reacción a la crisis, y cuándo es una respuesta organizada desde la derecha.

En consecuencia, los censores y sus jóvenes colegas aspirantes a funcionarios, incapaces de distinguir matices -ya sea por incapacidad de análisis o por oportunismo-, abren fuego contra toda expresión crítica, provocando que quienes la emiten, muchas veces, se desplacen a la derecha. De tal manera, la difamación de la censura ha caído sobre publicaciones de izquierda como La Joven Cuba o de activismo LGTBIQ+ y estricto rigor periodístico como Tremenda Nota. Por no hablar de cuando se aplica la represión, como fue el interrogatorio extrajudicial realizado al activista afro Raúl Soublett Pérez  o las continuas detenciones (sin presentar razones legales) de Carolina Barrero, una de las cuales con el agravante de ser realizada el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Desde la ingenuidad política, algunos pudieran preguntarse ¿qué tiene de malo que la derecha encabece el descontento? Inevitablemente, las protestas derivarían en un profundo anticomunismo que intentaría ir contra toda representación y propuesta socialista, venga de donde venga. Pensemos además qué programa económico nos traería la derecha (quien habilidosamente lo oculta en consignas populistas). El ejemplo más ilustrativo lo tenemos en Polonia: el liberal cristiano Lew Walesa monopolizó el sindicato alternativo Solidaridad, el cual, una vez alcanzado el Gobierno, aplicó en 1989 el más clásico de los planes neoliberales.   

Pero no es solo contener a la derecha. Asumir ese defensismo persecutor es regalar la iniciativa al contrario, y, tarde o temprano, entregarle la victoria. Limitarse a ello, o sobredimensionarlo, es tener una postura conservadora. Y en momentos de crisis las mayorías descontentas tienden a rechazar las posturas conservadoras.

La propaganda de la derecha avanza porque sus medios hablan al pueblo publicando los problemas del pueblo y las noticias (falsas o no) que le son vedadas al pueblo. La propaganda oficial retrocede porque se dedica a responderle a la derecha. O sea, a descalificar a los medios de prensa que publican  (falsos o no) los problemas del pueblo y las noticias (falsas o no), prohibidas al pueblo. La propaganda oficial tiene que -entre otras cosas-, dejar de ser una plataforma eficaz para la divulgación de la propaganda derechista y retomar su función principal: ser tribuno interlocutor del pueblo.

Otra de las grandes problemáticas que vivimos hoy en Cuba es que los actores políticos de este escenario no se encuentran, ni mucho menos, en dos bandos. Empezando porque, a diferencia de décadas atrás, la oposición no está controlada exclusivamente por la derecha, sino que también aflora una izquierda, crítica con el Gobierno, pero apegada a la legalidad socialista. Carolina Barrero es uno de estos ejemplos: su principal exigencia es, esencialmente, el cumplimiento estricto de la Constitución.

Quienes excluyeron y silenciaron a Kandinsky y Chagall del circuito artístico ruso, compeliéndolos a emigrar, fueron, principalmente, los exponentes del constructivismo soviético. Como ya nos ha recordado recientemente el historiador cubano Frank García, dos grandes constructivistas fueron perseguidos por el estalinismo: Malevitch llevado a prisión durante meses, a riesgo de ser ejecutado, y, Gustav Klutsis, fusilado en Moscú. Si las izquierdas cubanas no abandonan la antropofagia política heredada del estalinismo, será la derecha quien terminará devorándonos.

Si a lo largo de 2021 (en la segunda mitad del año llegará un escenario aún más tenso: los debates por el Código de Familias), Cuba no vive un escenario de tensión política similar –o más grave- que el sucedido el 27 de noviembre de 2020 cuando cientos de intelectuales y artistas se plantaron frente al Ministerio de Cultura, obligando al funcionariado a dialogar; el pueblo cubano y su Gobierno habrán superado el peor año de la crisis en una calma de dientes apretados ¡Si todo fuera tan complejo como un cuadro de Kandinsky, tratando de graficar la música!  

Salvo los artículos firmados por el Comité Editorial, el resto de los trabajos publicados representa exclusivamente la opinión de la persona que lo firma.

 

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