¿Rusia solidaria?




Esta semana que concluyó recibió la noticia de que finalmente un buque petrolero ruso partía rumbo a Cuba. Desde no pocos medios se presentaba el gesto como un "desafío" de Rusia a Estados Unidos. Sin embargo, toca preguntarse ¿Por qué ahora Rusia desafiaría a Estados Unidos tan adentrada la crisis energética que empezó hace ya casi tres meses cuando cobardemente la presidenta mexicana, responsabilizando a Pemex -una entidad por demás estatal- anunciaría el cese del envío de petróleo a Cuba?

Cada acontecimiento hay que verlo en contexto y aquí no se puede perder de vista algo: las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos. Si el pasado 13 de marzo Díaz-Canel anunciaría que sí estaban teniendo lugar conversaciones con Estados Unidos, Trump lo había dicho desde el 1 de febrero. En consecuencia, Díaz-Canel solo aseveró -pasando el ridículo de haberlo negado- que Washington y La Habana estaban en contacto. 

Por otra parte, más que agregar, Trump debió ver preocupado el asalto a la sede del PCC en Morón: esto resultó un hecho sin precedentes en las protestas populares cubanas.  Si el debilitado gobierno cubano cae, Washington tendrá una situación de extrema complejidad en el área. Ya se ha demostrado que es mejor una Delcy Rodríguez garante del orden establecido que entregue el petróleo y no una María Corina tumultuosa que llevaría a juicio todo un generalato que pudiera responder con una guerra civil o al menos un golpe -acontecimiento este último al que si Delcy Rodríguez sigue destituyendo generales se puede ver expuesta-. Una Cuba en un estallido social, con un amplio sector que todavía levanta las banderas de la Revolución cubana, y una pequeña pero existente izquierda crítica ¿No pudiera conducir a, al menos, un intento de nueva y verdadera revolución socialista? El primer gobierno nacido tras la caída de Ceaucescu tenía grandes rasgos populares ¿No sucedió en 1993 que los comunistas rusos ganaron el parlamento y el "demócrata" Yeltsin evitó a cañonazos tanto la victoria comunista como reprimió el levantamiento popular moscovita hoy silenciado? Esa izquierda crítica cuenta con el apoyo de un consolidado trotskismo internacional ¿Para qué se arriesgaría Trump si puede mantener un gobierno que cumpla sus deseos de empresario emperador?

Trump sabe quién es el poder en Cuba: los Castro y lo han demostrado perfectamente enviando al frente de las conversaciones al nieto favorito de Raúl, un personaje que no tiene, ni tuvo, ningún cargo político ni administrativo. Lo peor es que después de que el gobierno cubano lo negara, el nieto de Raúl Castro -Raúl Guillermo Rodríguez Castro- también conocido como El Cangrejo apareció en la primera fila de asientos de la pasada rueda de prensa de Díaz-Canel y, por si fuera poco, también muy visiblemente en una reunión del Buró Político del PCC, máxima instancia del Partido. Raúl demuestra con ello que toda legalidad en Cuba se desvanece con su sola autoridad. Díaz-Canel queda como el vocinglero de consignas ajenas a la realidad cubana, mientras que Raúl Guillermo Rodríguez Castro como el nieto leal que evita traiciones al estilo Delcy Rodríguez. Por otra parte ¿No pide Trump rostros nuevos al frente de Cuba? ¿Qué mejor imagen que la de alguien que jamás ha ocupado un cargo político o administrativo para asumir la presidencia y sustituir al más impopular de los mandatarios cubanos desde 1959? Al menos Urrutia fue visto como un héroe cuando presidió el primer gobierno provisional revolucionario y todavía para algunos reaccionarios lo sigue siendo. Díaz-Canel estaba llamado a cumplir el silencioso papel de aquel presidente de la Cuba neocolonial, Laredo Bru, quien llevó al país -bajo la tutela yanqui- de seis años de revoluciones, rebeliones y golpes militares a la instauración de una institucionalización restauradora. Pero Díaz-Canel ha terminado cumpliendo el rol del débil presidente civil de un gobierno militarizado, es decir, la figura visible a quien se le achacan todos los males y sin épica alguna. Raúl Castro dejó que su sucesor designado aplicara los paquetes de medidas más impopulares en la historia de la Cuba post-1959 e incluso, el mismo Raúl en el congreso del PCC de abril de 2021, realizó críticas a la nefasta Tarea Ordenamiento, tomando distancia de algo que él mismo acompañó y de cierta manera anunció.

Es decir, el envío del buque petrolero ruso a Cuba no es un desafío a Estados Unidos, sino producto de las conversaciones entre Washington y La Habana, sin que todavía tengamos conocimiento claro de lo que se está negociando; a la vez que es una jugada para evitar tener un polvorín incendiado frente a sus costas.

Existe todavía una alta cantidad de personas que necesitadas de una épica pasada porque no logran confiar en las luchas presentes -y de siempre: la lucha de clases- quieren ver en la Rusia del neozar Putin a la Unión Soviética -ya muy cuestionable desde el triunfo de Stalin sobre Trotsky-. Recuérdese que el origen de todo esto comienza en la guerra ruso-ucraniana. Al no poder Putin derrotar rápidamente a Ucrania como lo había previsto y ver en la Casa Blanca a un presidente que puede convencer a Zelenski de rendirse, el mandatario ruso no dudó en aceptar cuanta condición pusiera Trump. Así fue que Putin estimuló la salida de Maduro, se limita a dar comunicados tan eficaces como los de la Unión Europea, mientras que China come arroz, vende baratijas en cifras millonarias y sus bancos siguen siendo los mejores rankeados a nivel global.

La nostalgia por las épicas pasadas no responden a un cuadro mental. Cuando se cree en las luchas actuales, el pasado queda relegado al aprendizaje y los mismos trabajadores lo ven así, organizándose por sus luchas presentes. La Revolución cubana lo demostró: no pasaron pocos años para que la clase trabajadora de la isla dejara de tomar como principal referencia a Antonio Guiteras y la Revolución de 1933. Ya no hacía falta mirar lo sucedido treinta años atrás: estaba el Che Guevara y la construcción del socialismo -inalcanzado-. De hecho, cuando hoy se ven a los trabajadores que luchan, no se encuentra en ellos un discurso de loas a la Unión Soviética, ni defensa de Putin: se refieren a sus batallas actuales, a derrocar el orden burgués. Los nostálgicos estalinoides son los que no tienen programa revolucionario y atan a banderas del pasado para poder llenar el vacío ideológico que sufren. 

Ojalá llegue pronto el buque ruso. Los turistas de la revolución pasada llegan a Cuba disfrazados, toman fotos hermosas insertos en una fantasía que solo tiene lugar en sus cabezas, ven en el buque ruso al crucero Aurora y a cada cubano que protesta un agente de la CIA -o simplemente lo subvaloran, creyendo, como ellos hacen con sus militantes o hacen sus partidos consigo, que están manipulados-. Nunca harán la revolución porque como dijera el secretario general del Partido Comunista Argentino, Patricio Echegaray ante la explosión popular del 2001: "la rebelión nos sorprendió con el caballo desensillado". Pero sí habían tenido mula, silla y montura para aliarse con todas las fuerzas reformistas, derechistas, ver en Videla el ala democrática de la Junta Militar, y fundar un banco. Revísese la lista de los políticos que llegan a Cuba: dirigentes socialdemócratas que temen a las revoluciones. No hay desafío: hay contubernio y acuerdos secretos al más típico estilo burgués.