Separatismo en Alberta: Texas 2.0



Faltando menos de una semana para la segunda vuelta en las elecciones de Brasil, Latinoamérica desconoce que el lunes 19 de octubre una provincia canadiense realizaba un referéndum separatista (y no era Québec). La para muchos desconocida Alberta está siendo atravesada por un movimiento separatista sin mayores pretensiones nacionalistas. Simplemente porque son autosuficientes con el petróleo, casi el 20% de los albertanos creen que es buena idea independizarse. 
Claro, usted seguro estará pensando: Canadá, petróleo, ¿Estados Unidos? Pues sí: este referéndum coincide con que Trump quiere convertir a Canadá en el estado número 51 de la Unión. Y si no se puede toda Canadá, pues al menos está bien con Alberta: tiene petróleo. Casualmente, Elon Musk también ha llamado a la independencia de Alberta. 
No estamos ante el separatismo socialista de Québec: todo lo contrario. El separatismo de Alberta nació como una reacción derechista ante el gobierno progresista de Pierre Trudeau a inicios de los años ochenta. Entonces el separatismo albertano estaba conducido ni más ni menos que por empresarios del petróleo. 
Pero algunos dirán: los primeros líderes independentistas cubanos, ¿no eran dueños de centrales azucareros? Precisamente este es uno de los más claros ejemplos del carácter reaccionario del patriotismo. Sin embargo, recuerden que el independentismo puede tener un carácter antiimperialista o ser una invención neocolonialista como sucedió con Katanga: la región congoleña cuya “independencia” se organizó desde Bélgica para derrocar a Lumumba. No es casual que la misma consigna trumpista Make America Great Again, se esté reproduciendo en Alberta. La verdadera razón de ese supuesto nacionalismo es realizar una versión 2.0 de la anexión de la entonces mexicana Texas: se “liberaron” de México y pidieron anexarse a Estados Unidos.
Por último, la bandera. Un buen movimiento independentista comienza con una buena bandera: un trapo azul con un escudo colonial no es una propuesta atractiva.