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«Ortega: ¿peor que Somoza?»



Por Mónica Baltodano desde el exilio (Tomado de la revista digital argentina Estación Finlandia)

En Nicaragua la huelga de hambre de los presos políticos Dora María Téllez, Miguel Mendoza, Irving Larios y Róger Reyes continúa, y el deterioro de su salud puede finalmente terminar siendo irreversible. Aquí, Mónica Baltodano, ex comandante guerrillera sandinista, denuncia la crueldad del régimen orteguista, a la que equipara con la de la sangrienta dictadura somocista.


 «Ortega: ¿peor que Somoza?»

Al momento en que publico este texto, la comandante guerrillera Dora María Téllez, el sociólogo y luchador social Irving Larios, el periodista Miguel Mendoza y el abogado Róger Reyes, llevan más de treinta días en huelga de hambre en El Chipote, mientras veinticuatro presos, recluidos en La Modelo, también tomaron esa drástica decisión reclamando por sus derechos carcelarios.

La dictadura Ortega Murillo no ha mostrado ninguna sensibilidad a pedidos tan elementales, como cesar el confinamiento solitario, permitir visita de hijos (as) a madres y padres en prisión, entrada de libros, atención médica y medicinas, sol, alimentos. La respuesta ha sido: ─ ¡Nada!

Ya Ortega y Murillo demostraron su talante criminal frente a las protestas populares del 2018. Ahora lo muestran con las condiciones de tortura permanente a que someten a los prisioneros y el castigo que propinan a los huelguistas, al incrementar su aislamiento impidiendo las visitas familiares. Estos también son crímenes de lesa humanidad.

A los incondicionales seguidores de Ortega les irrita que lo comparemos con Somoza y afirmemos que es peor que aquel tirano. Pero si de algo sirve la Historia es como docente. Así que, dejamos reflexiones que fundamentan la afirmación que Ortega es muchísimo peor que Somoza, y si hasta ahora no ha bombardeado ciudades y cometido genocidio a gran escala, es porque el nivel y las formas de lucha no se lo han requerido.

La huelga de hambre ha sido usada históricamente para intentar conseguir reivindicaciones en contextos en que los reclamantes no encuentran otra posibilidad de hacer eco a sus demandas. Es una drástica manera en la que los huelguistas ponen y exponen directamente su cuerpo, su salud y hasta su vida como instrumento de lucha, sobre todo en condiciones en que la acción individual es casi la única que persiste frente a la negación del Estado de Derecho.

El propósito del huelguista no es su muerte, pero, si se prolonga, ocurre. El caso más conocido en Nicaragua es el de la enfermera Silvia Ferrufino, quien participó en una dura huelga de trabajadores de la salud, suspendida por el estado crítico de sus participantes. Las afectaciones a la humanidad de Silvia le provocaron la muerte en mayo de 1979.


Escuchemos lo que dice la historia de Nicaragua (1969-1976)

Las huelgas de hambre mas conocidas en Nicaragua fueron practicadas por prisioneros políticos y sus familiares, sumándose personalidades, sacerdotes, dirigentes gremiales y estudiantiles, de manera continua o intermitente. En 1969, Rosi López Huelva y Doris Tijerino Haslam, se pusieron en huelga exigiendo la libertad de Rosi, quien había cumplido su sentencia de seis meses por atentar contra la Constitución. También pedían mejoras carcelarias, pues no recibían sol ni atención médica. La dictadura liberó a Rosi, descrita así a su salida:

─ Pálida, con el rostro demacrado y los brazos saturados de hongos por la falta de sol.

Otras huelgas de hambre en estos años fueron la de trabajadores de la salud en Granada y la protagonizada por estudiantes universitarios, quienes ocuparon las escalinatas del Palacio Nacional, donde sesionaba el Congreso, exigiendo la aprobación de más presupuesto para la UNAN. Los estudiantes colocaron carteles que decían:

─ ¡Menos guardias, más estudiantes!

─ ¡97 millones presupuesto de la Guardia, 7 millones para la UNAN!

¿Se puede usted imaginar cuál sería la respuesta de Ortega si hoy los estudiantes hicieran huelga frente a la Asamblea Nacional?

A partir de 1970 las huelgas de hambre se hicieron recurrentes, excepto en 1975 y 1976, cuando todas las garantías fueron suspendidas por el Estado de Sitio. Recordamos, en particular, la de 1971, potente huelga de hambre de presos políticos y doce familiares, entre ellos doña Lidia Saavedra, madre del dictador. Después de tomas de iglesias, paros estudiantiles y movilización sostenida, Somoza fue obligado a liberar a: Catalino Flores, Doris Tijerino Haslam, Germán Pomares Ordóñez, Rolando Roque, Arnulfo Orozco, Ramón Ernesto Rizo, Adán Loza Talavera y Mauricio Secundino Rosales. Todos eran prisioneros que participaban en la lucha armada. No se trataba de luchadores cívicos, como los ahora detenidos.

Estas huelgas no estaban exentas de represión, bombas lacrimógenas, asedio de la GN, golpes a curas solidarios, capturas de corto plazo. Pero podían realizarse e informar de ellas en los medios de comunicación social.

¿Qué pasa en la dictadura actual? Hacer huelgas de hambre solidarias es impensable. ¿Recuerdan el intento de once madres de presos políticos que se pusieron en huelga de hambre en la iglesia San Miguel de Masaya en noviembre del 2019? La respuesta de la actual dictadura fue cercar con policías varias cuadras a la redonda; cortar todos los servicios a la iglesia y echar presos a quienes les llevaban ayuda. Fue connotada la captura de trece jóvenes ─conocidos como Los Aguadores─ que intentaron llevar agua a las madres. Sin agua y en aislamiento total, las mujeres y sacerdotes solidarios tuvieron que salir del templo.

¿Tienen o no derecho las madres de sumarse a las huelgas de sus hijos? ¿Por qué era legítimo que las madres hicieran huelgas por sus hijos sandinistas y ahora no lo es para los prisioneros de esta nueva dictadura?

El 24 de enero de 1972, los presos políticos detenidos en La Modelo iniciaron huelga de hambre y luego se sumaron sus familiares y otros sectores. Sus reivindicaciones eran: 1) Permitir entrada y salida de correspondencia sin imponer medidas infamantes. 2) Entrada de radios y libros de literatura sin limitar su número. 3) Libre ingreso de dinero y medicinas. 4) Entrada de alimentos los domingos, día de visita de sus familiares. 5) Cese del registro de celdas. 6) Quitar el uniforme de rayas. 7) Acceso al sol todos los días. 8) Permitir ejercicios físicos. 9) Cesar amenazas de garrote de los cabos de guardia. 10) Quitar la malla durante la visita de familiares. 11) Permitir la estadía en el corredor desde la 5 am hasta las 10 pm, como los presos comunes. 12) Cesar el aislamiento de José Benito Escobar, Julián Roque Cuadra y Lenin Cerna. 13) Que el Alcaide presentara al ex raso Francisco Ramírez Urbina. (Chico Ramírez había sido condenado a seis años de cárcel por entregar su Garand al FSLN, pero no era reconocido como preso político ni se sabía su condición).

La huelga se extendió con participación de otros sectores, como la Confederación General de Trabajadores Independientes (CGTi), vinculada al Partido Socialista, y el socialcristiano Movimiento Sindical Autónomo de Nicaragua (MOSAN), quienes, junto a partidos, como el Liberal Independiente (PLI), se solidarizaron con las demandas. La dictadura somocista cedió. Días después, el diario La Prensa entró a la cárcel Modelo, donde le fue presentado el prisionero Francisco Ramírez Urbina. Además, los reos también consiguieron reivindicaciones carcelarias.

¿Estas exigencias carcelarias no son similares a las que se hacen hoy? Eso ocurrió hace 50 años. Desde entonces, la humanidad ha conseguido avances innegables en materia de DD.HH. Hoy también existen las Reglas Nelson Mandela. ¿No resulta brutal y cruel que las personas detenidas por razones políticas tengan hoy menos derechos que los que tenían los presos en la dictadura de Somoza hace medio siglo?

En 1973, en plena huelga de la Construcción, el célebre dirigente sindical y socialista Domingo Sánchez Salgado ─Chagüitillo─, inició huelga de hambre reclamando su libertad. Fue apresado la madrugada del 24 de diciembre de 1972, cuando llegó a El Retiro a reclamar alimentos para los vecinos terremoteados de la Colonia Nicarao, donde él vivía. Después de tres semanas de huelga, Chagüitillo fue trasladado al hospital con su salud quebrantada. Fue liberado a finales de julio. Todos estos eventos fueron conocidos públicamente por La Prensa, El Centroamericano, Radio Corporación, La Católica, Mi Preferida y decenas de medios independientes.

A finales de 1973, se levantó otro contundente movimiento que inició con la huelga de hambre de las madres de presos políticos. La demanda fue centrada en la libertad del ex GN Francisco Ramírez y el profesor universitario salvadoreño Efraín Nortalwalton. El último día de 1973, periodistas miembros del Comité Pro Defensa de la Libertad de Expresión, visitaron a los prisioneros políticos en huelga de hambre y declararon que estaban debilitados y demacrados. Los presos ─entre ellos el actual dictador Ortega─, dieron las gracias por el apoyo brindado, en especial a monseñor Obando y Pablo Antonio Cuadra. Expresiones departamentales de esta lucha fueron respaldadas por obispos, como monseñor Barni, en Matagalpa. A principios de 1974, la fuerza del movimiento obligó a Somoza a liberar a ambos prisioneros.

Es interesante destacar que entonces, periodistas independientes constataron en los penales la situación de los presos, tomaron fotografías y escribieron sus crónicas. Además, en distintos momentos, estas luchas fueron respaldadas por sacerdotes y obispos, y los sandinistas entonces considerábamos justo y correcto que los prelados se sumaran por las reivindicaciones populares y los DD.HH. ¿Existe ahora un solo medio independiente que pueda circular en Nicaragua? ¿Hay posibilidades de que los medios entren al Hospital Militar o las celdas, a cubrir el estado de salud de algún preso político?

¿Qué hace el dictador ahora? Persigue, apresa, destierra y exilia a obispos y sacerdotes, mientras los descalifica con despreciables epítetos por las acciones que realizan levantando las mismas banderas de los derechos de libertad y justicia exigidas al dictador Somoza. No inventamos. Son indicativos de esta persecución: un obispo, Rolando Álvarez, sacerdotes presos y acusados, y decenas de curas y monjas desterradas o en el exilio.


 Lecciones de la Historia (1977-2021)

Enero de 1977 comenzó con otra huelga de hambre. Para entonces, el ascenso a la presidencia del demócrata Jimmy Carter, puso en boga la política de Derechos Humanos en Estados Unidos. Ésta tuvo impacto en el país, no solo porque el régimen somocista recibía fuertes presiones para moderar la represión, sino porque surgieron organizaciones, como la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), quienes registraron denuncias de la represión, en particular, en la montaña. Al levantarse el Estado de Sitio y restituirse la libertad de información en julio del 1977, La Prensa de Pedro Joaquín Chamorro publicó cientos de denuncias sobre crímenes cometidos por la GN, en particular contra los campesinos en el Norte del país.

En febrero de 1977, aun en Estado de Sitio, Somoza permitió que los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Víctor Umbricht y Raymond Chevally, visitaran y conversaran con los prisioneros sandinistas. Además, después de meses de huelga, Tomás Borge fue atendido en el Hospital Militar y luego le permitieron el acceso a su familia y a los medios de comunicación, quienes publicaron abundantes fotografías suyas.

¿Qué hace hoy el actual dictador? Expulsa a los organismos de DD.HH., y al coordinador del CICR; cierra todos los organismos nacionales de vigilancia y control de los Derechos, como hizo con el CENIDH, la ANPDH, la CPDH, y ni pensar que pueda permitir el acceso de los medios a conocer directamente la condición de los prisioneros.[3]

Mientras la cruel dictadura somocista mostró a Tomás, famélico y desmejorado, ¿qué pasó con Hugo Torres, héroe de la Revolución del 79 y prisionero político de Ortega? Enfermó gravemente en la cárcel y desde diciembre de 2021 fue sacado de su celda sin rumbo conocido. Fue hasta su muerte que un minúsculo telegrama de la Fiscalía dio cuenta de su muerte sin dar ningún tipo de explicaciones.

En 1978, después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, que desató grandes protestas y huelgas, se realizó otra huelga de hambre, a la que se sumó un paro escolar superior a los 50 mil estudiantes de secundaria. Por medio de Ismael Reyes, presidente nacional de Cruz Roja, Somoza hizo propuestas a los huelguistas y, finalmente, cedió una a una a las exigencias planteadas. Fue un rotundo triunfo de las fuerzas populares. Más adelante, se vio obligado a recibir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH), a reformar el sistema electoral y permitir la llegada del Grupo de los Doce.


Represión del movimiento popular

Ortega decidió, desde los años 90, que en su proyecto de poder era esencial controlar totalmente todas las organizaciones populares hijas de la revolución y cooptar las de otras vertientes, como ha ocurrido con los sindicatos. Ya en el poder, no admitió bajo ningún concepto, movimientos populares autónomos y enfrentó las luchas con plomo y muerte.

Eso le ha permitido controlar todos los poderes y la sociedad de manera más bestial que Somoza. En aquella dictadura, como en otras de la región, se podía hacer huelgas, tomar iglesias y colegios, realizar manifestaciones, informar de las luchas a través de los medios, es decir, había resquicios en los que penetraba la lucha popular. Los estudiantes disfrutaron de la autonomía universitaria conquistada en 1958; Los sindicatos vinculados a socialistas y socialcristianos, jugaron un gran papel con sus actividades solidarias. Había espacios que permitían la lucha y la movilización social.

La heroica huelga de hambre de Dora María y los demás presos políticos hasta hoy ha recibido una inhumana respuesta del régimen. En vez de flexibilizarse, ha profundizado las terribles condiciones carcelarias al no permitir visitas de sus familiares ya por más de sesenta días, manteniéndolos en absoluto aislamiento para ocultar su grave situación.

Constatar que estamos enfrentados a una dictadura de terror, que no tiene parangón con la que ya vivimos en Nicaragua; verificar la bestialidad de la respuesta orteguista a la huelga de hambre del presente, debe concientizar del gravísimo riesgo que están corriendo los presos y presas en huelga. Daniel Ortega y Rosario Murillo quiere que mueran… o que al menos queden con secuelas el resto de sus vidas. Quieren quebrantar cada uno de los huesos en que se asienta su conciencia.

Urge que la solidaridad de los pueblos del mundo se haga sentir, multiplicando la información, los actos de denuncia, así como apremia que los nicaragüenses encontremos nuevas rutas de resistencia para desafiar el terror de la dictadura para salvar la vida de Dora María y de todas las personas detenidas por razones de conciencia.


Lea también nuestro comunicado: ¡Exigimos la liberación de la comandante sandinista Dora María Téllez!


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