El imperialismo norteamericano, con Trump a la cabeza, profundiza su curso hacia una nueva guerra generalizada. Los recientes ataques del enclave imperialista israelí a blancos iraníes -entre ellos una escuela primaria- han puesto al mundo en alerta. Las consecuencias inmediatas en la economía se vieron reflejadas en la caída de las bolsas y el aumento del precio de la energía. Toda esta ofensiva tiene como uno de sus principales objetivos la asimilación de los ex Estados obreros a un sistema capitalista en franca decadencia. Está claro que Trump apuesta a humillar a Cuba, para generar una implosión del régimen y luego ir por la conquista capitalista total de la isla.
Claramente, ya se están desarrollando tendencias capitalistas en el tortuoso proceso de asimilación, que se aceleró desde la caída de la URSS. Pero, a diferencia de China, Cuba no tiene la capacidad productiva para postularse como otra cosa que una semicolonia del imperialismo yanki, si es que el capitalismo termina de conquistarla. Tras la humillante captura de Maduro y la ignominiosa negociación de su vicepresidente, Delcy Rodríguez -lo cual demuestra el rol histórico del nacionalismo burgués negociando mejores condiciones para el capital norteamericano-, la hipótesis más probable es que Trump asedie al gobierno de Díaz-Canel hasta que sea él mismo el que negocie. De no darse esta variante, que sea algún otro sector de la burocracia contrarrevolucionaria. Y la otra alternativa es la amenaza del uso de la fuerza militar norteamericana para invadir Cuba.
Fractura social
Desde el 11J de 2021 no hay vuelta atrás en la fractura de sectores de trabajadores y la juventud con el régimen de gobierno. Es que la burocracia ya no puede garantizar lo más básico para la sociedad cubana, entonces, sólo puede ofrecer represión. Las alusiones a la revolución son un saludo a la bandera vaciado de contenido.
Este 9 de marzo comenzó una protesta estudiantil en la Universidad de la Habana que cataliza ese descontento, especialmente de la juventud, con la situación de inanición de la economía cubana, signada por la falta de suministro eléctrico, de acceso a internet y telecomunicaciones y, cada vez más, de insumos básicos para la salud y la supervivencia cotidiana.
Restauración o revolución
La propaganda imperialista en contra del “comunismo”, que habría llevado a la población a esta grave situación, se intensifica. Sin duda, las políticas de la burocracia han sido de gran ayuda para que esta propaganda se vuelva cada vez más aceptada en un sector de la población tanto dentro como fuera de la isla. Sin embargo, está claro que las penurias económicas de Cuba se deben a las políticas de ese imperialismo, que, a fuerza de bloqueos, ha ahogado al país para asestar una derrota ideológica a todo aquel que ose cuestionar la sacrosanta propiedad privada de los medios de producción y ponga a la clase obrera en un lugar dirigente de la economía. Lamentablemente para ellos, la crisis imperialista es tan profunda que la propaganda no tiene mucho sustento, menos en medio de esta crisis que nos encamina a una generalización de la guerra. La clase obrera mundial ya tiene la memoria de tiempos pasados y sabemos que la guerra es para disciplinar a la nuestra clase, llevándonos a matarnos en una guerra que no es nuestra.
La juventud cubana, heredera de una de las experiencias revolucionarias más importantes de la posguerra, está llamada a recuperar la lucha revolucionaria y ser parte de esa vanguardia obrera que derroque a la burocracia restauracionista y recupere la dirección de la economía. Pero sabemos que no se pueden realizar las tareas del socialismo en un solo país, indefectiblemente la suerte de la revolución cubana está en manos del proletariado de todo el continente, en particular norteamericano. Ya estamos viendo los importantes enfrentamientos que se han dado al interior de Estados Unidos en contra de Trump y su represión a los trabajadores inmigrantes, eso es un germen a partir del cual se debe desarrollar la conciencia de clase del proletariado. La pelea contra Díaz Canel y el elenco dirigente de la burocracia, hoy los verdaderos agentes del imperialismo en Cuba, es una lucha antiimperialista. Asimismo, en todo el continente estamos llamados a enfrentar a los gobiernos de nuestros países, garantes de las condiciones del imperialismo. Tanto Milei como Lula, tanto Kast como Sheinbaum, todos, más allá que se reclamen pro sionistas o progres, son cómplices y socios del imperialismo. Por eso, sólo podemos confiar en la fuerza de la clase obrera internacional. Si el imperialismo impide el acceso de Cuba a las fuentes de energía, deberá ser el proletariado petrolero de Venezuela, Brasil y Argentina, junto con los trabajadores del transporte y todas las ramas interconectadas, quienes deberán tomar la tarea de garantizar que llegue la energía. La única forma en la que podamos arrebatar el poder a la burguesía y sus agentes en todo el mundo es desarrollando una organización revolucionaria internacional, estableciendo una Federación de Repúblicas Socialistas de América, como forma estatal de la dictadura del proletariado.
De seguido, republicamos el comunicado analizando la actual situación cubana que recientemente nos hizo llegar el Partido de la Libertad Socialista -Freedom Socialist Party- el cual mantiene camaraderiles relaciones políticas con Comunistas Cuba
¡No al bloqueo imperialista contra Cuba! Por plenas libertades políticas y contra los privilegios de la burocracia gobernante
La Revolución Cubana (1959) es el acontecimiento que ha traído más progreso a algún pueblo latinoamericano: primer lugar mundial en número de médicos; un lugar descollante en educación; en el pasado fue una gran potencia deportiva internacional a pesar de su reducida población (11 millones) y padece sólo un bajísimo consumo de drogas.
Pero hoy se encuentra en pobreza y grandes penurias, los salarios son polvo, los apagones todos los días. Hay médicos pero no medicinas, más de un millón han abandonado la isla en busca de mejores horizontes.
Cuba ha padecido más de 50 años de bloqueo económico por parte del país más poderoso, Estados Unidos. Washington no olvida ni perdona que una pequeña isla lo haya derrotado (1961) en combate, cuando más de mil 500 mercenarios organizados por la CIA tuvieron que rendirse antes de 72 horas. Hoy Donald Trump le ha dado otra vuelta al torniquete contra los cubanos y amenaza al país que les haga llegar petróleo con castigarlo con aranceles.
Existe otra razón que explica la actual bancarrota en la mayor isla de las Antillas: el stalinismo. Como nación antiimperialista y que comenzaba a marchar hacia el socialismo, cayó bajo la influencia de la burocracia que gobernaba la Unión Soviética, que le impuso desarrollar una economía propia de un país colonial, basada principalmente en la producción de azúcar y no en la fabricación de vehículos, manufacturas, servicios, etc.
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Cuba desarrolló un ala que intentó extender la experiencia emancipatoria a otros confines. El comandante argentino Che Guevara, uno de los grandes líderes del proceso revolucionario, organizó guerrillas en África y en Bolivia. Uno de sus lemas fue “crear dos, tres Vietnam”, o sea, infligir a los norteamericanos una serie de derrotas como la que sufrieron en Indochina en 1975, para con ello facilitar la liberación planetaria de los pueblos, que podrían ser como Cuba.
Sin embargo, Guevara fracasó, fue asesinado en Bolivia en 1967 y Cuba ya no buscó replicar su ejemplo. Los dirigentes cubanos no sólo desistieron del proyecto de Guevara sino que, a los pueblos que se soliviantaron les recomendaron no repetir la experiencia socialista. Fue lo que dijo Fidel Castro a Nicaragua y El Salvador (años 1980s) y a Venezuela unos diez años después. Y a los mexicanos en los hechos les dijo que no buscaran liberarse ni siquiera de la dictadura del PRI. En el año 1988, después de un fraude electoral monstruoso y descarado, Fidel asistió a la capital mexicana a apoyar que ocupara la Presidencia Carlos Salinas de Gortari. El ladrón de votos. Si el PRI duró tanto tiempo en México se debió también a los burócratas cubanos.
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A pesar del bloqueo y otras agresiones venidas del imperio norteño, no obstante la estructura económica deficiente y subordinada derivada de la “división internacional del trabajo” determinada por los burócratas “soviéticos”, Cuba se levantó con dignidad y fuerza. Durante unas dos décadas fue el país latinoamericano con más progreso y ello se debió fundamentalmente al esfuerzo, sacrificio y trabajo tesonero de sus trabajadores, campesinos, obreros, mujeres, médicos, educadores y científicos, guiados por principios socialistas. Cuando en los años 70s u 80s le preguntaban a los socialistas revolucionarios cuál era su meta, contestaban que “Cuba + democracia”, es decir, una sociedad con grandes logros económicos y sociales y en la que los trabajadores gozaran de amplias libertades políticas.
Mientras tanto, las distintas administraciones en Estados Unidos arreciaron sus agresiones económicas, les interesaba hacer fracasar el único experimento socialista en el continente y que todo el mundo presenciara ese espectáculo. Actualmente en el mundo existen, de acuerdo con distintas fuentes, entre mil 500 millones a 2 mil millones de personas que viven en pobreza severa. De ellos, mil millones no saben qué comerán el día siguiente. Sin embargo, los medios de comunicación ponen el acento en los 9 millones de cubanos que viven en estos momentos con grandes penalidades, menos del 1 por ciento de la legión de famélicos. Nadie habla de esos mil 500 millones (12 veces la población de México), víctimas del sistema capitalista y colonialista, pero los medios capitalistas e imperialistas se ceban en denostar la Revolución cubana.
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Hoy la burocracia cubana es encabezada por Díaz-Canel. Su gobierno es absolutamente incompetente para mejorar la economía pero es ducho en reprimir a la población y en mantenerla sometida mediante el miedo. Existen cientos de presos políticos sentenciados a penas rudas e injustas. ¡Ellos deben ser liberados de inmediato!
En la edición de febrero de este año de la revista mexicana Proceso la reportera Dalila Escobar, presente en la isla, registró lo que ya habían hecho antes muchos periodistas, visitantes y académicos: los elevados y numerosos privilegios de que gozan los gobernantes. Dalila se refiere a “las mansiones del poder”, ubicadas en una zona residencial en Cuba , a la que compara con las versallescas Lomas de Chapultepec de la ciudad de México. Allí están las embajadas y las moradas de la alta burocracia. Cuando la periodista se acercó al lugar aparecieron guardias que le gritaron que no podía “pisar” esa zona. Los altos funcionarios, embajadores y turistas extranjeros son también los principales beneficiarios de la ayuda humanitaria que es enviada desde distintos países. En la revista citada se cuenta cómo Cuba ha recibido toneladas de carne que nunca llegó a la población. Sabemos quiénes las disfrutaron. Con sus insultantes privilegios la burocracia stalinista denigra la causa socialista y es el mejor aliado de Trump y los imperialistas.
Cuba, su pueblo lastimado por el imperialismo y sus gobernantes, necesitan de la solidaridad de los trabajadores de todo el mundo. Movilicémonos para exigir que los gobiernos y en primer lugar los que se dicen progresistas, hagan llegar ayuda humanitaria a la isla.
