Por Basel Ramsis Labib, activista egipcio pro Palestina.
He dudado en decir mi opinión sobre la flotilla hacia Cuba. Dudé porque participé en la flotilla hacia Gaza, que sigo viendo necesaria, la apoyo como fórmula de protesta y para romper el silencio, y volveré a participar en ella cuando pueda.
Pero como tengo una relación muy estrecha con Cuba desde hace 17 años y conozco la isla y su gente, creo que esta flotilla, en concreto “Nuestra América”, resulta ridícula. Con buena carga de egocentrismo y cuyo objetivo principal es aumentar la fama y las posibilidades de carreras políticas y mediáticas de algunos de sus líderes.
Cuba no es Gaza. El que quiere ir a Cuba puede ir y no se arriesga a nada, no es como Gaza. Puede también llevar medicinas y comida para apoyar al pueblo cubano. O mandar las ayudas sin necesidad de viajar, ni de hacer el show ni gastar todo lo que necesita montar esta flotilla innecesaria. Sé que los gastos son muchísimos al haber participado en la flotilla a Gaza. Este dinero de muchos y muchas donantes hubiera sido mejor destinarlo al pueblo cubano, no para hacerse unas fotos con el presidente de Cuba y recibir aplausos.
El pueblo cubano necesita gasolina, medicina, comida, y una reforma seria que resuelva asuntos pendientes como la democracia y el derecho de protesta pacífica, además de medidas contra la violencia machista, el racismo, etc. Sin olvidar una política que pueda sostener la isla y proteger los logros históricos del pueblo cubano, su revolución y sus sacrificios. Así que, quedarse solamente con el eslogan de romper el bloqueo norteamericano – que es una cosa necesaria – no basta.
El que quiere ayudar al pueblo cubano puede ir y quedarse en los pueblos, trabajando con la gente, dando clases a los niños y niñas que no pueden ir a la escuela por falta de gasolina y electricidad, sin montar este espectáculo que trae a la mente la imagen del hombre blanco paternalista, salvador del mundo, que va sólo para unos días, para un viaje corto y ya está.
Algunas actitudes resultan insultantes y no encajan con la situación de miseria y hambre que vive el pueblo cubano. Y llamar a uno de los barcos con el nombre de “Granma 2.0” no es un saludo a los cubanos, sino más bien una fantasía infantil para mostrar que son iguales a los que integraron el Granma original, que sí fueron valientes y revolucionarios.
