“Pablo Iglesias dice que vino a conocer la realidad de Cuba para contarla al mundo. Extraña realidad que se cuenta desde un hotel y el Palacio de la Revolución”, apunta nuestro colaborador Yasmani Castro quien vive en uno de los barrios más empobrecidos de La Habana. Sucede que los miembros de la Flotilla Nuestra América olvidaron algo muy importante: hablar con el cubano de a pie. En una Cuba que atraviesa una crisis tal que La Habana se ha convertido en la única capital del continente donde no hay transporte público, ver pasar ómnibus con los grupos solidarios generó grandes inconformidades.
En 1997, cuando todavía Cuba atravesaba el Periodo Especial, Fidel Castro realizó el Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes. Los delegados extranjeros no se quedaron en hoteles: fueron alojados en casa de trabajadores. Entonces, más allá de todo, el gobierno cubano no temía que aquellos militantes solidarios hablaran con la obreriada. Cuando los Pastores por la Paz de Lucius Walker se enfrentaban a los golpes con los oficiales de la aduana yanqui en la frontera mexicano-estadounidense para llevar ayuda a Cuba, después se hospedaban en el Centro Martin Luther King, ubicado en el barrio obrero de Pogolotti. Ellos hablaban, escuchaban, veían lo que estaba sucediendo en Cuba. No cabe duda que la mayoría de quienes colectaron la ayuda y de quienes vinieron lo hicieron de manera honesta y sincera. Sin embargo, son otro ejemplo de cómo los herederos del estalinismo y los reformistas exponen a sus bases a proyectos que terminan chocando con la realidad de la clase trabajadora. Un proyecto tan necesario como era la Flotilla Nuestra América fue destruido por la burocracia cubana y los que desde las alturas aceptaron el juego. No en vano, Yasmani Castro termina preguntándose: “¿El gobierno cubano dialogará con su pueblo además del imperio”?”
Una flotilla que no dice nada
Por Yasmani Castro
“Pero tú, cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”
Mateo 6:3
La flotilla que llegó a Cuba como supuestos salvadores blancos de la realidad no le dice nada al pueblo cubano que dice defender de la ofensiva “imperialista”. Más que análisis lo voy demostrar con hechos porque mientras los miembros de esa caravana estaban en una fiesta viendo lo “lindo de Cuba” el sistema eléctrico nacional se caía por segundo vez en menos de una semana.
La poca electricidad que había en el país la cogieron ellos para escuchar un discurso sobrado en el Palacio de Conversaciones y hacer actividades que no revierten la situación en Cuba, ni el bloqueo petrolero de Trump. Por otra parte los que defienden la flotilla por el cargamento solidario a ellos le pregunto:-¿Dónde están las cosas que se han traído a Cuba? ¿A quiénes se las darán? Dos interrogantes importantes en un país que no tiene mucho hábito de transparencia económica.Lo que permite que la corrupción haga de las suyas y dicho cargamento solidario pueda encontrarse en estas hora en cualquier tienda o casa de un dirigente, no tengo pruebas de ellos pero tampoco hay pruebas de lo contrario.
En otro aspecto tantos bombos y platillos por unas cuantas baratijas que se disuelven en el olvido; todo lo contrario a lo que dice el evangelio de Mateo 6: 3-4 “Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”. Porque desde el 2020 un grupo de cubanos emigrados mandan maletas de medicamentos y comida cada semana. Pagan los envíos y muchas veces hasta los precios exorbitantes del transporte interno en Cuba, demostrando que es más fácil hacer llegar una caja de Miami a La Habana que no un frasco de pastillas de La Habana a Santiago.
Pablo Iglesias dice que vino a conocer la realidad de Cuba para contarla al mundo. Extraña realidad que se cuenta desde un hotel y el Palacio de la Revolución. Debió por lo menos haber caminado por Centro Habana y Habana Vieja una noche de apagón. Así por lo menos el relato hubiera sido más creíble. Si por los menos los flotilleros hubieran organizado una comida para la gente que vive en la calle como hace cada día la Comunidad de San Egidio o algunos activistas independientes habría valido la pena ese largo viaje a este archipiélago.
Pero hicieron lo que ya en Cuba no se debe hacer; escuchar discursos ¿Eso resolverá los problemas de Cuba? A los flotilleros y los del Granma 2.0 les dejo estas interrogantes que escribí hace días en Facebook: ¿A la gente no la meterán preso por un post en redes sociales? ¿A los artistas críticos no los censuran más? ¿El gobierno cubano dialogará con su pueblo además del “imperio”? Si eso no cambia no sirvió para nada esos safaris ideológicos a Cuba como creemos la mayoría de los que aquí estamos en la “Resistencia creativa”.
