Cuba: 1961 vs. 2026


La Cuba que el 15 de abril de 1961 vivió un bombardeo de aviones yanquis como preludio de la invasión, no tenía las protestas de las que hablaba la prensa de Estados Unidos. La clase trabajadora estaba a pleno con la revolución, esperando, casi deseando, el desembarco yanqui. Sí, entonces miles de cubanos querían que llegaran los yanquis, pero para "sacarse las ganas". Aquellos cubanos querían derrotar al imperialismo yanqui y que esa primera derrota fuera en la misma Cuba. Cuatro días después esa victoria obrera fue lograda y se hizo luchando por una revolución socialista.

La Cuba de este mayo de 2026, faltando menos de cuatro meses para el centenario de Fidel Castro, vive atravesada por protestas que ya fueron mucho más allá de reclamar medicamentos, alimentos y electricidad para pasar a gritarle al gobierno "Que se vayan". Paradójicamente, esa consigna: "Que se vayan", hoy coreada por miles de cubanos humildes dedicándosela al gobierno, nació también del pueblo trabajador cuando marchaba frente a la embajada yanqui.

Ya Cuba lleva cinco días de protestas. En varias ocasiones la policía ha tenido que retroceder, circula un video de una patrulla huyendo entre gritos y pedradas y hasta niños -que quizá en la escuela juren a la mañana siguiente "Seremos como el Che"- se unen con sus padres a los cortes de ruta. No ven a Estados Unidos como el que provocó la asfixia energética. Todo lo contrario.

Con una objetiva serenidad, el historiador cubano Rafael Acosta escribía en marzo pasado desde La Habana para la revista mexicana Proceso: "Las reacciones provocadas por ese malestar social han ido en aumento, tales como las pintadas en disímiles paredes (...) denigrando a la autoridad e incluso con algo impensable años atrás: letreros dando vivas nada más y nada menos que al presidente de Estados Unidos, el mismo que nos está acosando (...)". Esa idea es común hoy en Cuba: Estados Unidos con el secuestro de Maduro logró establecer entre miles de cubanos de la isla que una operación militar no sería tan traumática como ha sido antes. 

¿Qué quieren esos manifestantes? ¿Son grupos vandálicos contrarrevolucionarios? El gobierno cubano no ha tenido de otra que aceptar las protestas. Un diplomático cubano ante la radio argentina reconoció que normalmente ocurren protestas cuando se corta la electricidad, llegando a justificar las manifestaciones si son pacíficas. Escuchar esto de un diplomático cubano ante un medio extranjero es una señal no de cambio, sino de contexto: el gobierno cubano entendió que no puede reprimir con la fuerza del 11J. 

Pero también habla de que el gobierno cubano entiende haber perdido el monopolio del espacio público como instrumento político. Ya el consenso ha cambiado y es que la Cuba a la que muchas izquierdas llaman a defender no es una sola.

En 1961, cuando se llamaba a defender Cuba, se convocaba a defender esa revolución apoyada no por miles, sino por millones. Hoy, esa Cuba, además de ser un objetivo militar de Estados Unidos, también está políticamente quebrada. Un militante defensor de Cuba que aterrice en la isla puede que no entienda el escenario: mientras él lucha contra la potencial invasión yanqui y llama a defender Cuba, se encuentra que miles de cubanos quieren que se caiga el gobierno; y lo que es peor, que vengan los yanquis.

¿No debe tenerse en cuenta a esos miles de cubanos que están contra el gobierno? Primero, tocaría entender algo: esos manifestantes que ya van por cinco días cortando las calles no son una masa políticamente homogénea. No hay organizaciones convocando, no tienen un programa político, y en su mayoría tampoco ven a Estados Unidos como el principal responsable de la crisis -aunque la haya provocado-.

Esos miles de trabajadores están agotados de la consigna "Abajo el bloqueo". La gran mayoría de ellos nació después del triunfo de la revolución. Las conquistas logradas las ven tan naturales como el aire que respiran, y por si fuera poco, hace rato están deterioradas. No son miles de "confundidos" como tampoco son el derechista que no tiene dinero y vota a Milei. Este trabajador, el cubano que sale a las manifestaciones, creyó que el desastre actual por donde atraviesa Cuba es el socialismo y simplemente quiere "Que se vayan". Costará años revertir el impacto negativísimo que ha tenido lugar en Cuba tras la imposición de un modelo burocrático donde las mayorías no podían decidir, veían cómo cada vez más aumentaban los errores, pagaban los obreros las consecuencias, los dirigentes vivían entre prebendas y lujos, mientras que las consignas no cambiaban. Como tampoco cambiaba Estados Unidos.

No cambió Estados Unidos, ni las consignas, pero sí cambió el gobierno cubano y la clase trabajadora que conducía. Los dirigentes se fueron envejeciendo y alejando. Los jóvenes algunos yéndose, otros decepcionándose, pero aún así , muchos apoyando. Dentro de estos últimos nacían los oportunistas. Supieron qué decir y hacer para ascender. En algún momento terminaron dirigiendo a sus pares, quienes ya no vieron en los nuevos líderes legtimidad política alguna. Raúl Castro alegó que el gobierno no podía seguir manteniendo subvenciones, pero olvidó que el pueblo vivía con salarios imposibles. Díaz-Canel llevó al máximo las políticas de repliegue estatal. Las mayorías perdían. No veían ninguna mejora con cada política económica. No era que el gobierno lograba éxitos y estos no florecían por completo debido al bloqueo. Simplemente desde 2021 el gobierno cubano va de un fracaso en otro y esos fracasos no se miden en macroeconomía, sino en lo que puede o no puede comer la clase trabajadora. Cada vez menos y peor. Menos comida, menos salario, menos capacidad de compra, menos de todo. Y ellos, los dirigentes, seguían con las consignas. La censura, aumentó. Dos millones de cubanos se fueron en tres años. En el quinquenio que va desde la aplicación de la Tarea Ordenamiento  -paquete económico con el que se aceleró hacia el modelo chino- hasta hoy, el pueblo solo vio que las medidas económicas tomadas no funcionaban: y además, dañaban.

Solo así se logra entender a esos miles que quieren la llegada de Estados Unidos. Son gente que no se quiere o no se puede ir de Cuba y quieren la “prosperidad” que tienen sus compatriotas emigrados. Y esa prosperidad es, simplemente: alimentos, medicamentos y electricidad, básicamente las mismas reivindicaciones de los que lucharon contra Batista.

Sï sorprende que miles de cubanos quieran la llegada de Estados Unidos es porque no se quiso ver lo que sucedió con Obama: por las buenas maneras, la bandera yanqui ondeaba en los balcones de no pocas casas habaneras. Los retratos de Obama aparecían en los restaurantes como los del Che. Incluso la prensa cubana presentaba a Estados Unidos prácticamente como un buen vecino.

No hay un pueblo cubano que resiste. Se resiste cuando se decide hacerlo. En el caso cubano se sobrevive. Es una suerte común, pero no compartida. En las calles muy poco se escuchará a alguien apoyando al gobierno. Tampoco en las protestas emergen consignas contra Trump -que es quien ha precipitado el coma del paciente mórbido-. Mientras tanto, desde el extranjero se dan vivas a una revolución que no existe.

Una revolución es lo que necesita Cuba: no cambios en abstracto. Una revolución donde por primera vez sea la clase trabajadora quien tenga el poder. 

Ahora, los pragmáticos, dicen que el gobierno cubano debe ceder. Ya muy pocas oportunidades tienen los burócratas. Estados Unidos ve que los puede derribar. Ellos no quieren irse, no por ideología, sino porque se niegan a aceptar una realidad donde no tengan el poder ¿Qué pasaría en ese escenario donde debieran hacer como los cobardes hermanos Jorge y Delcy Rodríguez: sencillamente traicionar? 

Al gobierno cubano no le importa su pueblo ni su discurso. Creer que no claudican por lealtad a una ideología es pensar que ellos son el pueblo. La podredumbre ideológica de los Díaz-Canel y compañía es tal que si Estados Unidos les estuviera garantizando seguir en el gobierno a cambio de vender el país, lo harían. Ya ellos mismos lo dicen una y otra vez: queremos que EEUU participe activamente de la economía cubana. La salida, digna, es impensable que venga de ellos. Al mismo tiempo, la dignidad, por parte de Estados Unidos, es tan real como los superhéroes: solo existe en las ilustraciones. Pero ese pueblo cubano no puede más y muy pocos piensan en él. 

¿Resistir? ¿Demostrar que es un pueblo viril y soberano?¿Demostrarle a quién? ¿Por qué motivo? La única dignidad posible es que esa clase trabajadora se lanzara a hacer una revolución, echando abajo al gobierno y diciéndole a Trump: no hay derecho a que me bloqueen. Un proceso de transformación social donde lo poco se reparta bien, se trabaje en colectivo y socialice. Los “cambios” en abstracto sólo traerán consecuencias negativas. Un programa real, pensado en la clase trabajadora no se escucha. “Privatizar la banca, vender la tierra y los edificios”, dicen quienes se presentan como los ganadores. Pero nadie dice: si el Estado falló es precisamente porque no era socialista. 

Con Cuba, sí, pero no en abstracto: con una consigna que sea “contra el imperialismo yanqui y con el pueblo cubano que sufre”.