La emblemática psicóloga cubana, Carolina de la Torre Molina falleció este 17 de octubre de 2026 en La Habana. Carolina había trascendido el papel de la academia, convirtiéndose en un referente del intelectual cubano formado en la revolución que se enfrentó a la censura y desarrolló sus propias convicciones de izquierda.
Carolina era hermana de un poeta que simboliza los efectos nocivos de las políticas homofóbicas del gobierno cubano en los años sesenta y setenta: Benjamín de la Torre, quien se suicidó tras haber estado recluido en los campos de trabajo forzados conocidos como Unidades Militares de Apoyo a la Producción. En 2018, Carolina publicó en España la biografía de su hermano bajo el título Benjamín: Cuando morir es más sensato que esperar.
Tras la masificación de las redes sociales en Cuba (a partir de 2018), Carolina se volvió una referente de la defensa de las libertades civiles, especialmente de la intelectualidad. Sus valoraciones jugaron un papel fundamental en la crisis de la huelga de San Isidro y las protestas del 27 de noviembre.
Contrajo matrimonio con dos grandes intelectuales cubanos: el psicólogo Manuel Calviño y el economista Carlos Tablada con quienes tuvo una descendencia que ha sido brillante en la cultura y política nacional: desde Claudia Calviño (productora de cine), pasando por el arquitecto Abel Tablada o la diplomática Johanna Tablada.
Este año, Carolina tuvo que sufrir nuevamente la intolerancia del neoestalinismo, viendo cómo su hijo Abel Tablada, siendo un destacado profesor universitario, era despedido por pensar políticamente diferente al gobierno. Carolina había visto anteriormente cómo la censura atacaba también a su hija Claudia quien tomó posiciones de abierto desafío al autoritarismo del Ministerio de Cultura.
En su obra investigativa, Carolina tenía un texto que destacaba Las identidades: una mirada desde la psicología publicado en 2001, recibiendo el Premio de la Crítica de 2002. Carolina, cuya madre era colombiana, destacaba la importancia de la diversidad cultural en el crecimiento de una nación.
Fue además una defensora de la memoria de su tío bisabuelo Carlos de la Torre Huerta, entomólogo silenciado tras el triunfo de la Revolución cubana por haber ocupado el cargo de alcalde de La Habana durante los últimos meses de la intervención militar yanqui. Al entregar la alcaldía el 30 de mayo de 1902 a Juan Ramón O’Farrill, Carlos de la Torre se convirtió en el primer alcalde de La Habana como capital de Cuba independiente, motivo por el cual cuenta con un busto en el Paseo de los Alcaldes.
Vaya a sus familiares y amigos, en especial Álvaro Jácome Boada, un sentido saludo de dolor. Escribir estas notas lleva a pensar lo doloroso que debe haber sido morir para Carolina viendo a su Cuba destrozada. Para quienes la conocimos, la tendremos siempre con su voz sonora y la sonrisa, con la fuerza de haber sobrevivido a aquel accidente aéreo del que escurrió la muerte estando embarazada de cuatro meses, y el amor a sus gatos y a la Revolución.
Carolina tiene que ser guía para cada intelectual en Cuba.

