Argentina: policía clausura la Librería Rosa Luxemburgo

 


Cuando hipócritamente el 6 de enero el gobernador de la capital argentina, Jorge Macri -primo del expresidente Mauricio Macri y de la misma ralea política- regalaba juguetes a sus hijos por el Día de Reyes, se estaban desalojando veinte familias con sus hijos. El desalojo del 6 de enero que tuvo lugar en el barrio de San Telmo también destruyó una librería-centro cultural. No es casual que esta librería fuera abiertamente de izquierdas: su nombre era Rosa Luxemburgo y el gobierno derechista de Macri está llevando adelante una política represiva en contubernio con la especulación inmobiliaria. 

Por su parte, el local de la Librería Rosa Luxemburgo pasará a manos de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Es decir, en nombre del orden y la moral burguesa, veinte familias pierden su casa, quedan en la calle y se destruye una hermosa librería comunista para entregarla a una iglesia. 

La Librería Rosa Luxemburgo era un espacio de divulgación de la literatura alternativa donde se podían adquirir textos de consagrados militantes como Osvaldo Bayer, la novela póstuma de Diego Rojas, La Zona, o comprar una botella térmica adornada con el rostro de Lenin y la hoz y el martillo o llaveros de Marx y Cortázar, junto a abanicos arcoiris proderechos LGBTIQ. Como el gobierno de Buenos Aires se las da de culto, los grandes medios de prensa -rancios burgueses- no anunciaron que una librería se había clausurado con policías antidisturbios justamente en uno de los barrios con mayor reconocimiento cultural. Sin embargo, enviaron a los uniformados que debieron haber temblado de miedo ante tantos libros. Si algo teme la ignorancia del represor es el pensamiento y la cultura emancipadora. 

Ese fue el hipócrita regalo con el cual empezaron el año y recibieron el Día de Reyes los niños de veinte familias: ahora se les ve, sin libros, vendiendo algo para comer o simplemente pidiendo comida. Ese es el verdadero orden capitalista: reprimir para defender la propiedad privada. Para los burgueses, la cultura solo les pertenece a ellos. A la clase trabajadora solo les toca los enlatados televisivos y ahora contenidos estupidizantes esparcidos descontroladamente en las redes sociales: todos instrumentos para enajenar. La cultura es un pilar fundamental para la emancipación de la clase trabajadora. Por eso el capitalismo resta su apoyo a la cultura -como lo hace Milei-: quiere mantener sometida a la clase trabajadora.

Al desalojo de la Librería Rosa Luxemburgo se suma la toma policial del centro deportivo comunitario que organizaba el Movimiento Independiente Juventud y Dignidad. Ahora, el predio que usaba la comunidad para su esparcimiento deportivo -y que lucía una imagen de Che Guevara-, es muy probable que termine siendo propiedad de alguna inmobiliaria como las tantas que se expanden en la tan codiciada zona limítrofe entre el turístico San Telmo y el exclusivo Puerto Madero. 

Toca exigir, tanto desde Argentina como desde el mundo, que el gobierno macrista reabra la librería, lugar donde además vivían veinte familias. Que una librería, sobre todo con el nombre de Rosa Luxemburgo, sea desalojada por la policía y clausurado su inmueble, es un acto repulsivo que no puede dejar de ser condenado por intelectuales, artistas, editores progresistas, libreros y toda persona con un mínimo de sensibilidad. Llamamos a que se inicie una campaña para reabrir la Librería Rosa Luxemburgo. Este crimen contra la cultura y las infancias ha sido silenciado por los grandes medios: denúncielo desde sus redes sociales, hágase vocero de este reclamo divulgando el caso, enviando por correo o cualquier vía a su alcance este artículo 

¡Que la solidaridad derrote a la ignorancia!