El profesor Abel Tablada con la estatua de José Martí de fondo en el emblemático Parque Central de La Habana.
Este 3 de marzo se dio a conocer que el profesor de arquitectura de la Universidad Tecnológica de La Habana -ex CUJAE-, Abel Tablada fue despedido por sus planteos críticos en redes sociales. El profesor envió un mensaje a sus estudiantes explicando que su despido se debe a que "algunas de mis reflexiones que he publicado en mi muro no han sido bien acogidas por la dirección de la Universidad". Tablada especifica que ya anteriormente habían intentado despedirlo cuando se opuso públicamente al tarifazo telefónico aplicado el pasado año -medida económica de corte neoliberal que provocó, por primera vez en sesenta años, una huelga estudiantil universitaria en Cuba-. Sin embargo, la publicación que provocó el despedido del profesor fue la titulada La Universidad y la resilencia -la cual reproducimos al final de esta nota- correspondiente al 2 de febrero.
Ante el despido de Tablada, los mismos estudiantes que organizaron y condujeron la huelga contra el tarifazo telefónico emitieron un comunicado público condenando el despido de su profesor. Este comunicado cobra mayor importancia política pues no está firmado por estudiantes sino por la misma FEU de la Facultad de Arquitectura, lo cual evidencia un quiebre en el control político del gobierno sobre las instituciones estudiantiles. Vale decir que la FEU tras el triunfo de la Revolución perdió rápidamente toda su autonomía y pasó a ser un brazo asociativo de la Unión de Jóvenes Comunistas mediante el cual ejercían el control político en las universidades. Es decir, si la FEU de la Facultad de Arquitectura se solidariza con Tablada y antes dirigió la rebelión contra el tarifazo, traduce de que el gobierno cubano ha perdido el control sobre una de sus más importantes canteras políticas.
Abel Tablada no solo proviene de una de las familias más relevantes de la intelectualidad cubana -su madre es la prestigiosa psicóloga Carolina de La Torre y su padre es Carlos Tablada, autor del imprescindible libro El pensamiento económico del Che Guevara- sino que además su tío materno Benjamín de La Torre fue un poeta revolucionario que a pesar de haber participado en la Campaña de Alfabetización, estuvo en las Unidades Militares de Apoyo a la Producción -las terribles UMAP- por ser homosexual. Benjamín de La Torre se suicidó el 10 de octubre de 1968 presionado por las políticas homófobas que para entonces continuaban en aumento, dejando una frase en que puede caracterizar a miles de cubanos: "Yo he querido a la Revolución, pero la Revolución no me ha querido a mí."
La expulsión de Abel Tablada conecta directamente con su tío Benjamín de La Torre pues es una continuación de las políticas intolerantes ajenas del verdadero socialismo que se han aplicado en Cuba desde los inicios mismos de la Revolución. La diferencia entre el caso de su tío y el de Abel Tablada es que el proceso político que vivió Benjamín de La Torre era una revolución, en tanto que su sobrino Abel sufrió las secuelas de la degeneración burocrática -y ahora restauracionista- de una revolución traicionada.
Al mismo tiempo, Abel Tablada tiene otras dos hermanas ubicadas en ángulos encontrados de la actual crisis política cubana: la cineasta contestaria Claudia Calviño de La Torre y la diplomática cubana Johana Tablada de La Torre, especializada en las relaciones con Estados Unidos.
Recuérdese que la política de expulsar profesores por criterios políticos es una práctica consumada por las autoridades cubanas aunque los docentes sancionados sean de izquierdas. A finales de 2016 fueron expulsados de sus universidades los profesores René Fidel González y Julio Antonio Fernández, ambos, además de tener planteos críticos, tenían el pecado de ser populares entre sus estudiantes. En el caso de René Fidel y Julio Antonio las expulsiones tuvieron como argumento que eran colaboradores de medios de prensa privados -La Joven Cuba y On Cuba respectivamente-. En el caso de Abel Tablada, defensor de la causa palestina y abiertamente opuesto al bloqueo estadounidense contra Cuba, su único pecado político fue pronunciarse desde las redes sociales.
A continuación reproducimos el texto íntegro que Abel Tablada publicara en su muro de Facebook el pasado 2 de febrero y que provocaría la decisión de que fuera expulsado.
La Universidad y la resiliencia
Comienza el segundo semestre de este curso, uno mucho más retador que los anteriores.
Amaneciendo con 12° en la CUJAE, sin electricidad en la mayoría de las casas, los profesores sin los datos prometidos en Junio del 2025 después del paquetazo de Etecsa, los estudiantes y profesores haciendo grandes esfuerzos para llegar a tiempo a clases cuando no pasan los metrobus rentados y regresando a casa como puedan, a veces caminando 10km o más, los becados inventando para comer decentemente y lograr visitar a la familia algunos fines de semana, los profesores más viejos haciendo el mayor esfuerzo para mantenerse activos y muchos de los jóvenes emigrando a otros sectores mejor remunerados o a otros países.
Las universidades siguen funcionando porque si existe la palabra resiliencia esa la usamos nosotros todos los días. En cualquier otro país, las universidades ya hubieran cerrado en estas o hasta en mejores condiciones.
La resiliencia es admirable para mantener un sistema educativo, ocurrió durante el período especial de los 90s cuando estudié y gracias a eso me gradué en el 1995, ocurre desde el 2019 con la llamada coyuntura, después la pandemia y ahora con los efectos de las crueles sanciones añadidas por la administración Trump.
Gracias a esa resiliencia se han graduado cientos de arquitectos e ingenieros en la CUJAE y otros miles en todo el país. Es una proeza.
Pero la resiliencia en exceso se puede convertir en asumir como normal condiciones que no deberían prolongarse tanto en el tiempo. Ya los profesores notamos una menor preparación de los nuevos estudiantes que ingresan y eso viene del impacto de esas condiciones anormales en los niveles primarios y medios de enseñanza. Lo notamos no solo en un mayor desconocimiento de contenidos básicos, sino también en el comportamiento, en una falta de conciencia sobre lo que es correcto o no, moralmente aceptable o no. Y al final, también repercute en la calidad de los graduados universitarios por mucho esfuerzo que haga el país y que hagamos los profesores y estudiantes por tratar de que cada clase, cada actividad se realice lo mejor posible.
Tenemos muchos deseos de seguir aportando, pero solo los más favorecidos nos podemos quedar, los que podemos recibir algo extra de un familiar u otro trabajo alternativo. Aquellos que ni lo uno ni lo otro y siguen batallando, merecen una medalla cada día que se preparan y se presentan en su clase, además de investigar, de coordinar, de buscar soluciones, en ocasiones de 5 minutos, para poder comenzar o terminar una clase, seminario o evaluación. Porque esos profesores que solo sobreviven con un salario de 10-15usd, tienen además muchos otros problemas materiales en la casa, de alimentación, problemas familiares y de transporte.
La universidad va perdiendo su sentido equitativo de oportunidades cuando para estudiar o trabajar en ella se requiere de un soporte adicional al que puede proveer el Estado.
Seguimos encontrando fuerzas, seguimos disfrutando terminar una conferencia y recibir aplausos o sonrisas o caras reflexivas, seguimos sintiendo la satisfacción de ver graduados a alumnos que se sacrificaron mucho y valoran el esfuerzo realizado.
Pero todo tiene un límite, una cosa es mantener un sistema por las muy adversas condiciones de todo el país por unos años, pero otra es la perpetuidad de esas condiciones. A largo plazo, no nos podemos contentar con ser resilientes y aguantar todos los palos, los externos y los internos. Para que la educación en Cuba recupere su estatus de antaño, para que los graduados aporten con la mayor eficiencia y desempeño, para que la mayor parte se quiera quedar y aportar, no se puede seguir pensando que podemos resistir para siempre en estas condiciones.
Es sabido que ahora mismo estamos bajo el peor asedio de la historia de Cuba por parte de un imperio. Y ahí está el peligro, pensar que por eso nada se puede hacer. Creo que el sector universitario, además de todos los sectores de la sociedad, debemos debatir, estudiar alternativas ante cada posible escenario, aún en medio de esta gran incertidumbre y escenario de agresión fascista y asfixia económica.
La peor de las soluciones es aparentar de que no pasa nada, y que todos tengamos que esperar una orientación de más arriba, y los de arriba esperar una orientación del ministerio y los de ministerio de los que deciden en este país.
Es hora, desde hace rato, de pensar entre todos qué universidad y sobretodo qué país queremos, porque la verdad más incómoda, la que las autoridades no quieren escuchar, es que hay una variedad inmensa de formas de ver la realidad y el futuro, una variedad inmensa de anhelos y de posicionamientos políticos. Pero en algo pienso yo coincidimos la gran mayoría, y es que queremos cambiar sin regalar el país, cambiar contando con todos, cambiar drásticamente pero sin ser orientados desde Washington. Y para que eso ocurra, se debe contar con el pueblo primero, con los profesores universitarios, con los estudiantes, con los profesionales, los agricultores y obreros, los trabajadores independientes, los presos, los jubilados. Y eso es lo que no vemos hace mucho tiempo, porque cuando le preguntan al pueblo lo hacen imponiendo ideas preconcebidas, lo hacen sin mostrar alternativas, lo hacen con poca sinceridad y todo el proceso supuestamente democrático pierde legitimidad.
Necesitamos diversidad, sinceridad y credibilidad en una conversación nacional que no se puede seguir posponiendo. Eso es lo que pudiera evitar más injerencismo y en última instancia, puede hacernos más fuertes como ciudadanía, esa que vive aquí y en otros muchos lugares, ante amenazas peores que no dejarán de llegar por parte de un imperio que no le interesa el bienestar del pueblo cubano, aunque muy lamentablemente, para algunos, debido a las condiciones insoportables de vida que les han llevado por la guerra económica y los innumerables factores internos, sí ven el injerencismo y la intervención como la única solución para salir de este largo y oscuro túnel ante la puesta en escena llena de consignas e inmovilismo internos. Es una triste realidad y hay que enfrentarla entre todos.
