"He imaginado el argumento de una novela que (...) no escribiré (...). El tema de ese libro (...) es una conjuración de los viejos contra los jóvenes, de los padres contra los hijos. (...) sería un libro muy triste."
Jorge Luis Borges
A María Santucho, Kaloian Santos, Juan Pin Vilar y Alex Rodríguez, porque el dolor de ser cubanos y no estar en Cuba nos une
El 1 de febrero pasado Trump anunció que había comenzado las conversaciones con Cuba diciendo además que esto llevaría a grandes cambios en la isla. Con el precedente de Venezuela -Delcy Rodríguez despachando a Maduro y recibiendo a sucesivos altos funcionarios como si nada hubiera pasado- se iba haciendo obvio algo: el gobierno cubano pactaría con Trump cambiar todo para no cambiar nada. De todas maneras, lo que siempre olvida la derecha anticomunista del exilio cubano es que el actual gobierno de la isla también quiere llegar al capitalismo.
Obviamente Trump no puede aparecer como un segundo Obama, sino que intentará lograr un aparente cambio político que redunde en beneficios para su partido, su imagen y los plutócratas que él representa -siendo él uno de ellos-. Pero al mismo tiempo el círculo de poder del gobierno cubano querrá seguir controlando Cuba. Díaz-Canel aparece entonces como la pieza para ellos mantenerse en el poder. Si antes ya jugó ese papel cuando fue escogido por Raúl Castro -cambiar todo sin cambiar nada, o sea, un aparente nuevo presidente pero Raúl Castro gobernando-, ahora lo volverá a cumplir: lo destituirá el círculo que lo colocó en la presidencia para ellos seguir dirigiendo. No es solo una “familia” -los Castro-: creer ello sería caer en la simplonería de Miami. Es todo un círculo de poder político-militar que no quiere caer y si cae generaría tal caos en Cuba que afectaría a toda la región.
Marco Rubio y Trump están negociando, entre otras cosas, que cubanos millonarios sancionados por atacar a la revolución puedan invertir en Cuba. La época Obama no daba espacio para ellos. Raúl Castro estaba muy sólido en el poder como para aceptar empresarios que habían cometido actos contra el Estado cubano, o al menos financiado, apoyado o ser orgullosos familiares de quienes lo hicieron. De todas maneras no era necesario pactar con ellos: todo un sólido sector empresarial estadounidense estaba desembarcando en la economía cubana.
Ahora Trump tiene que agradar a la Florida: los Marco Rubio quieren regresar pero Trump sabe que debe ser con orden. Hay mucho odio en Miami para permitir que sean los exiliados cubanos quienes tomen La Habana. Intentarían descabezar a sangre y fuego todo lo relativo a la Revolución. Trump y los generales yanquis han visto lo caro que esto puede costar. La caída de Hussein y Gadafi continuó con una resistencia que imposibilitó el control absoluto de los imperialistas sobre estos países -por no hablar de Afganistán-.
El pragmático Trump lo dejó todo claro con Venezuela: María Corina Machado -la oposición más reaccionaria y a la misma vez popular- solo provocaría un grado de inestabilidad política tal que a Estados Unidos se le complicaría el control sobre el petróleo venezolano. Pero ¿y si los que gobiernan que han demostrado saber reprimir y permanecer en el poder le dieran el petróleo a Washington? Hacía falta también contentar al exilio venezolano: no por ellos sino para tener un triunfo político. Trump quiere pasar a la historia y sacar a Maduro terminará siendo un “logro” de su gestión. Primero Putin le hizo saber a Maduro que se podría exiliar en Rusia. No aceptó. Llegó entonces la variable hollywoodesca que costó la vida de 32 cubanos: una demostración de superioridad militar para decirle al mundo que Cuba no aguantaría una invasión yanqui.
Nadie imaginó que el grado de deterioro ideológico del gobierno venezolano había llegado al punto de que los hermanos Rodríguez entregaran a Maduro. Lo que sí quedaba claro era algo: María Corina quería juzgar al chavismo y los generales chavistas no se iban a dejar encarcelar en masa. Maduro cayó para no cambiar nada. Además, se liberaron algunos presos políticos. “A nosotros nos gustan las elecciones y todo eso, pero lo importante es que ya tenemos el petróleo” dijo Marco Rubio sobre Venezuela y María Corina Machado. Si Delcy no hubiera traicionado, secuestrar a Maduro no hubiera sido suficiente para que Estados Unidos controlara el petróleo venezolano.
Esto es lo que veremos en Cuba. Solo que Trump se ahorra la escena ramboniana porque el círculo que tiene el poder destituirá a Díaz-Canel: lo acusarán de cuanto cargo se les pueda ocurrir y a cambio del silencio, el mediocre Díaz-Canel volará a Moscú. O también terminará preso con su antiguo amigo Alejandro Gil bajo los mismos cargos de corrupción y espionaje. Díaz-Canel tendrá lo que labró: no le interesó construir ninguna autonomía política. Pensó que mediocremente obedeciendo lograría estar para siempre en el cargo. Había llegado a la presidencia por ser tan gris que brilló como plata falsa. No se dio cuenta que era una pieza para perpetuar el poder y él no era el poder. El poder eran la familia Castro y los generales raulistas.
Entonces es cuando mi amigo Diego Stulwark me pregunta:
¿Cuál es la verdadera relevancia de que se quiebre o no la dirección del proceso político para Cuba y para EEUU respectivamente?; ¿Hasta qué punto una negociación, como la que ocurre en Venezuela, es quiebre total, retroceso parcial, o mera adatpación controlada?
Evidentemente leer a Marx, Freire y Rozitchner da interesantes resultados.
Amigo Diego, resulta un quiebre total que por presión de Washington, para mantenerse en el poder, el núcleo que verdaderamente controla Cuba decida limpiarse la cara destituyendo al presidente y aceptando la completa liberalización de la economía. Mera adaptación sería cuando se negoció con Obama: una Cuba con el modelo chino. Ahora, veremos a alguien designado por los generales recibir a algún enviado de Washington con la misma sonrisa repulsiva de Delcy Rodríguez. Marco Rubio representa al exilio anticomunista y él con desembarcar siendo recibido efusivamente como sucedió con Obama ya tendrá su coronación para la candidatura a la presidencia de Estados Unidos. Cuba caerá en el lamentable cesto de Venezuela: ningún desafío a Estados Unidos ¿Te imaginas Diego, lo que es no tener ningún país que desafíe, ni siquiera de verbo, a Estados Unidos? El colapso de los grandes discursos se repetirá 35 años después.
La revolución no devorará a sus hijos, dijo Fidel Castro en un trágico momento de 1963, pero fueron los padres de la revolución quienes la devoraron a ella. Si hoy se llega aquí es por ellos: evitaron, lograron, que no hubiese ningún instrumento real de control de la clase trabajadora sobre el poder de la burocracia dirigente. Solo ellos sabían cómo llegar al comunismo, después el mismo Raúl Castro dijo -en 2018- que lograr el comunismo era una utopía imposible. Ahora, ellos mismos son los que deciden la manera de rendirse.
Estados Unidos les permitirá mantenerse en el poder hasta cuando él entienda que pueda comenzar una sucesión más controlada. En algún momento, lejano, quizá comenzarán a darse pasos hacia elecciones pluripartidistas. Ahora ello sería traumático para Cuba. Estados Unidos quiere dinero y eso solo se puede lograr en un país con "paz social". Los que se han tomado la foto con el embajador yanqui solo han quedado marcados por la historia: son los plattistas del siglo XXI.
Una América Latina sin ningún gobierno de referencia está llegando. Los gobiernos nacionalistas se han supeditado a Estados Unidos. La gran peculiaridad de esta traición es que sin salir del poder, los aliados de Cuba la dejaron sola. Antes, fueron los gobiernos derechistas que en los sesenta rompieron con la Revolución cubana; en los noventa, la soledad del hundimiento del Kremlin fue la que asoló Cuba; pero ahora, estos gobiernos reformistas han demostrado que solo son representantes de la burguesía, y Putin que solo quiere ganar Ucrania -porque la guerra le puede costar el poder-. Es por ahí que comienza todo. Putin no pudiendo ganar la guerra en Ucrania y Trump prometiéndole algo que puede cumplir: la rendición de Zelenski, pero claro, para ello Moscú deberá dejar solos a sus aliados. Los imperialismos tienen experiencia en ello. No hay más ética en el imperialismo que la ganancia de los bancos y la rapiña. Por eso es tan raro que bajo el capitalismo un partido comunista funde un banco, no haga la revolución y apoye una dictadura militar.
Solo los ingenuos y los cínicos creen que la clase trabajadora cubana vivirá mejor bajo esta nueva forma de gobierno. Hemos viajado el mundo Diego. Cuando en octubre de 2019 llegué a Londres terminé de constatar que si esa ciudad era imponente es porque la había eregido el imperialismo. Y el imperialismo es la inevitable rapiña donde se impone el subdesarrrollo a la mayoría de los países. El imperialismo es el capitalismo a escala global: una minoría explotadora en el poder. El subdesarrollo de la mayoría de los países es inevitable para que los imperialistas vivan como todos debiéramos vivir. Ningún país subdesarrollado se salva dentro del capitalismo. Todos han sido colonias o tenido relaciones neocoloniales con las actuales potencias imperialistas.
Brasil. Economía pujante. El 50% de las casas no tiene saneamiento básico. En Ipanema, cuando los turistas se van de la playa, aparecen, ocultos en la noche, unos carretones cargados con decenas de tumbonas, apiladas las unas sobre las otras. Van a los galpones donde quedan hasta el día siguiente que vuelven a la playa. Esos carretones los arrastran seres semidesnudos y descalzos que cobran unas monedas. Nadie los ve. Todavía no he hablado con un argentino que los haya visto. Es solo mirar. Argentina. La Villa del Retiro perdió su nombre durante la dictadura militar: como si fuera un campo de bestias pasó a nomenclarse por un número. Ella y el resto de las entonces llamadas villas emergentes. La Villa 31 está frente al Sheraton. Amurallada por los representantes de la oligarquía. Nadie entra. Los que viven allí, miles, quedaron excluidos de toda posibilidad. Sus niños venden lapiceras y piden comida en los restaurantes a donde los dejan entrar. En un supermercado de San Telmo y en otro de La Plata, hay niños pidiendo comida en la puerta. Nadie los ve. Dominica. Los mendigos en algún momento son recluidos en un manicomio. Les sacan el cinto para que no se ahorquen. Después los devuelven a la calle. Pasan hambre. El único pantalón que tienen se les cae. Tienen que caminar aguantándose el pantalón. El gobierno de Dominica gana más de 1000 millones de dólares anualmente vendiendo su ciudadanía a millonarios que quieren tener un buen pasaporte o terroristas que quieren hacerse de una nueva vida. La población es de 60 mil habitantes. Pudieran ser ricos. La salud y la educación es paga. No tienen alcantarillado moderno, ni semáforos, ni televisión. China. Millones de trabajadores viven hacinados en las megaurbes. A veces, duermen en cajas. Esos trabajadores que mueven el imperialismo más joven de la historia contemporánea son tan explotados como lo quisiera lograr Milei con ustedes los argentinos. Pero China es el país con más millonarios del mundo.
Solo los ingenuos o los cínicos pueden creer que Cuba podrá librarse de ello. Crecerá sí, una nueva burguesía, más grande, más sólida. En torno a ella, habrá profesionales con mayores ingresos. Y hospitales privados hermosos como los que hasta tienen un Starbucks dentro. Pero seguirán estando esos hospitales derruidos que tú conoces. Cuba tendrá esa perpetua masa de millones de personas agobiadas en la pobreza de la cual no podrán salir. Cuba tendrá, como ya viene sucediendo, pero será más, esas miles de familias expulsadas de casas ocupadas porque no tienen dónde vivir. Solo los burgueses saben que ganarán con este cambio. Están seguros de ello. Así será.
Pero ¿y la Cuba de hoy? La Cuba de hoy es casi imposible de defender. Una pandilla de burócratas secuestró la revolución para vivir de ella. Reprimieron. Nos expulsaron incluso a comunistas. Nunca era el momento políticamente adecuado para hacer una crítica. Ahora, como dijera un uruguayo que combatió en la Managua sandinista, Cuba parece esa Nicaragua donde las mayorías querían que terminara la guerra, no importaba cómo. Una jubilada que trabajó diez años conmigo me dice: "Lo que vaya a ser que sea rápido. Esto no se aguanta más. De todas maneras, el paraíso que me prometieron nunca me llegó, solo le llegó a una élite parásita".
Ellos, los burócratas, lograron que las mayorías cubanas no crean en el socialismo: "Si el sistema actual es una mierda, entonces el capitalismo es bueno". Desde cuando comenzaron a reprimir a los trotskistas en 1960, el gobierno cubano comenzó a ahogar la posibilidad de que la clase trabajadora cubana pudiera construir por sí misma el socialismo. Por eso, aunque quisieron, aquellos jóvenes rebeldes no llegaron al socialismo. Se quedaron en la construcción del socialismo, postergado siempre para un mejor mañana. Ahora, los hijos que la Revolución no devoró porque la devoraron sus padres, creen que la víctima son los asesinos. En la Cuba nacida después de 1959 siempre hizo falta consagrar un Tótem y tabú político. Fidel lo pudo hacer: mató a sus padres, los comió y los superó, pero logró que nosotros solo nos quedáramos en el goce de pensar cómo sería hacerlo. Nuestra pulsión de muerte fue no enfrentar al padre parricida.
De todas manera Diego, todo esto es un hermoso ejercicio intelectual para tener claro cuánto van a sufrir los trabajadores cubanos. Seguirán siendo dominados por los que nos reprimieron el 11 de Julio; ahora pasarán a ser explotados bajo un sistema capitalista del cual muchos obreros se sentirán orgullosos. Pensarán, como se hizo frecuente escuchar cuando crecía la nueva burguesía cubana, que al menos hay cubanos que viven mejor. Sí, esa minoría, la burguesía, enriquecida por vivir explotando a la clase trabajadora. La respuesta de las mayorías era: de todas maneras los otros me explotaban. Sí, pero ¿y por qué no tomamos el poder? ¿Por qué un explotador tiene que ser sustituido por otro? Ya esta pregunta nos la hicimos antes todos los marxistas.
Ahora la corte que rodea al poder está temblando. Temen si estarán en la lista de quienes perderán sus privilegios. Mientras tanto, millones han tenido otra noche sin electricidad y no saben qué sucederá con ellos mañana. Quizá Díaz-Canel y su desagradable esposa ya estén preparando sus cajas para tomar el próximo avión a Moscú; o tal vez alguien esté redactando los cargos que se les imputarán. Cuando termino de escribir este artículo, recibo la noticia que en Cuba un grupo de estudiantes universitarios están covocando a una sentada de protesta en la escalinata de la Universidad de La Habana. Este es el 2026: el año del centenario de Fidel. Yo, sigo creyendo que una revolución socialista será la única respuesta, o que me arrastren por sobre rocas.
Por Frank García Hernández
Foto de portada: Iván Alcaraz

