Díaz-Canel: Cuba está dispuesta a dialogar con EE.UU.


Por primera vez Díaz-Canel anunció públicamente que existe la posibilidad de agresión militar por parte de Estados Unidos.

"Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos", dijo hoy el presidente cubano Miguel Díaz-Canel en la mañana de este jueves 5 de febrero ante una rueda de prensa que se transmitió por todos los medios oficiales de la isla. La afirmación de la disposición a dialogar con Estados Unidos fue simplemente una respuesta a un medio de prensa cubano y, en los hechos, era algo que ya había anunciado la propia cancillería cubana una semana atrás.

Otro aspecto llamativo fue que por primera vez Díaz-Canel anunció públicamente que existe la posibilidad de agresión militar por parte de Estados Unidos. Sin embargo, esto se diluyó en un discurso de dos horas donde, más que centrarse en la posibilidad de una agresión militar y la disposición al diálogo con Washington, primó la retórica triunfalista típica del gobierno cubano.

En su introducción Díaz-Canel dedicó casi viente minutos a recordar los impactos del bloqueo yanki y destacó los diferentes mensajes de apoyo de la presidenta mexicana. Aunque dijo que Rusia y China mantienen el apoyo, agregó que hay conversaciones las cuales no se pueden decir públicamente.

Como es de costumbre, los medios de prensa estatales  se dedicaron a realizar preguntas que solo ayudaban a enaltecer al gobierno cubano o justificar su accionar. Los periodistas extranjeros que tomaron la palabra básicamente fueron de los medios aliados al gobierno cubano: Xinhua -la agencia oficial china- preguntó qué puede hacer el Sur Global para apoyar a Cuba -una pregunta no muy aportativa-.

Un importante dato que dio el mandatario fue que "el aumento de los apagones es una percepción" pues, según él, Cuba ha ido mejorando en lo referente a la crisis energética. Sin embargo, en la sociedad no se "percibe" esto: solamente en La Habana tienen lugar apagones diarios, algunos elevándose hasta doce horas diarias. 

Mientras tanto, después de la tensión generada en la población cubana por el anuncio de la rueda de prensa, la normalidad se mezcló con decepción y rabia. El común de los cubanos esperaba, ante la gravedad del anuncio y la coyuntura, una información radical, sin saberse exactamente cuál, pero no un discurso ambiguo, marcado por el triunfalismo y dando cifras que no condicen con la realidad.

La situación económica, política y social cubana es extremadamente grave. Muchos hospitales no tienen insumos siquiera para operar, el 93% del transporte dejó de funcionar en 2025, el mercardo interno que abastecía periódicamente a la población fue transferido hace dos años al sector privado, provocando una alza de precios incontrolable. 

Aunque al final de la rueda de prensa Díaz-Canel dijo que se valora aplicar la llamada "Opción Cero" -medidas de resistencia aplicadas por Fidel Castro en los años noventa-, lo cierto es que el gobierno cubano ha perdido -voluntariamente- el control de su mercado interno. Aplicar medidas similares a los años noventa implica una distribución equitativa de los alimentos y no que el sector privado controle lo poco que hay.

La rueda de prensa de Díaz-Canel es una magistral pieza de cómo un gobierno da un mensaje completamente desconectado de la realidad, o, al menos, con un discurso tan alejado de ella que solo provoca rechazo dentro de las grandes mayorías de la población.

La poca legitimidad política de Díaz-Canel se desploma aún más con esta sosa rueda de prensa ante una situación tan dramática. El mandatario -o quien hubiera tomado la palabra- debió haber dado alguna información novedosa, no generar expectaciones al punto que se hizo o simplemente haberse centrado en los dos mensajes fundamentales: el gobierno cubano anuncia públicamente que existe la posibilidad de una intervención militar yanqui, pero que al mismo tiempo está dispuesta a dialogar con Washington, mientras que se anunciarán próximas medidas restrictivas ante el recorte de combustible. Afirmar que "el aumento de los apagones es una percepción", como mínimo, es una burla. A esto se le agrega que la moderadora de la rueda, la periodista Arleen Rodríguez Derivet, minimizó recientemente el impacto de los apagones argumentando que Martí no conoció la electricidad y desarrolló una magistral obra literaria. 

Acciones políticas como estas sirven para entender la creciente desmovilización política en la clase trabajadora cubana. Ante el anuncio de Trump de que Cuba estaba negociando con los EE.UU. en la isla se despertó un clima favorable a estas conversaciones, no importa cuál fuere el resultado. La idea de que Díaz-Canel renunciara bajo presiones estadounidenses dando paso a un gobierno de transición tutelado por los Castro y Estados Unidos -tal sucede hoy en Venezuela tras el secuestro de Maduro y el ascenso de Delcy Rodríguez- fue un rumor popular en Cuba asombrosamente acogido positivamente. La crisis económica y política en Cuba generada por la degeneración burócratica restauracionista provocó que prime en la clase trabajadora desde la apatía hasta el rechazo a las ideas de izquierda.

Lo cierto es que tras el secuestro de Nicolás Maduro, Trump aumentó las amenazas contra Cuba y desde el domingo 31 de enero se valoraba un cambio de rumbo radical en la relación entre los dos países: Trump había anunciado que Cuba estaba llevando adelante negociaciones con Washington, insinuando que los resultados eran beneficios para Estados Unidos. Lastimosamente al saberse que se iniciaban diálogos con Estados Unidos dentro de un amplio espectro de la sociedad civil cubana surgieron esperanzas de una apertura. Es decir,  

Esta semana varias organizaciones trotskistas argentinas que han exigido la liberación de los presos políticos cubanos convocaron a la solidaridad con Cuba. El diputado por el Frente de Izquierda, Christian Chipi Castillo, presentó un "proyecto repudiando el intento de Trump de impedir la llegada de petróleo a Cuba y el conjunto del bloqueo que ya lleva 64 años", anunció en su cuenta de X -antiguo Twitter-. La internacional trotskista de la que forma parte Castillo inició este lunes la preparación de una campaña internacional contra el bloqueo yanqui exigiendo a los gobiernos latinoamericanos que envíen petróleo a Cuba.

A su vez, este 5 de febrero, el dirigente del Nuevo MAS, Roberto Sáenz, publicó un breve mensaje donde también condenaba el bloqueo yanqui agregando que "la burocracia que la gobierna impidió activamente toda organización y dirección desde abajo (...)". Sáenz recordó que "la salida en Cuba es que la gobiernen sus trabajadores y trabajadoras".

Esta es la verdadera y única salida que, por desgracia, está siendo olvidada dentro de la clase trabajadora cubana: la toma del poder por parte de las trabajadoras y trabajadores. Sin embargo, décadas de ruptura entre la burocracia dirigente y las mayorías populares, más una continua propaganda política desgastada del PCC, lograron imponer en Cuba la idea que ante la estatización burocratizada solo existe la privatización. Pero, al mismo tiempo, creer que no existe ninguna posibilidad de movilización popular sería negar parte de la realidad: las protestas del 11 de Julio de 2021 demostraron que, aunque sin un programa político alternativo, la clase trabajadora reacciona ante las medidas de austeridad de corte neoliberal. Solo que, ahora, la posibilidad de una intervención militar yanqui, o la traición de la burocracia dirigente agrava aún más -o da un nuevo matiz- al proceso político por el cual atraviesa Cuba.