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Comunistas: nuestro primer aniversario

Este 10 de junio Comunistas cumple su primer aniversario. Durante nuestros primeros 12 meses hemos vivido la agudización de la crisis económica en Cuba y el nacimiento de nuevos escenarios políticos.




Comunistas cumple su primer año de existencia. Cuando nos constituimos, sabíamos que la economía se iba a desplomar y por tanto enfrentaríamos problemas políticos. Sin embargo, el golpe fue mayor de lo calculado, se aplicaron reformas económicas más pronto de lo previsto y nacieron una serie de nuevos escenarios sociopolíticos, imposibles de predecir en junio de 2020.

Pocos días después de fundado Comunistas, la CEPAL anunció una caída en el Producto Interno Bruto cubano a -8%. En diciembre, ante la Asamblea Nacional, el ministro de Economía, Alejandro Gil informaba que el PIB se había desplomado a -11%.

A un mes y seis días de fundado Comunistas, el compañero presidente Miguel Díaz-Canel, en rueda de prensa nacional, comunicó que empezarían a aplicarse una serie de nuevas medidas económicas. El 10 de diciembre el país se paralizaba por una noticia: otra vez Díaz-Canel, acompañado de un silencioso Raúl Castro –aún primer secretario general del Partido Comunista- comunicaba que a partir del 1 de enero de 2021 comenzaba lo que eufemísticamente se llamó Tarea Ordenamiento, donde, parecía ser, lo más importante era la reunificación de la tasa cambiaria y la desaparición del peso convertible.

Justo el 1 de enero, cuando Cuba llegaba al 62 aniversario de la Revolución, entró en vigor un paquete de medidas económicas donde, bajo el nombre “supresión de gratuidades innecesarias” se reducían considerablemente las políticas públicas. El impacto social todavía no ha podido ser evaluado.

Para este 10 de junio, mientras al cambio oficial el dólar se cotizaba en 24 pesos -y sin estar disponible su venta en los bancos cubanos- en el mercado negro se compraba y vendía a 72 pesos. Unas de las principales causas de esta devaluación se encuentra en la escases de divisas y su creciente demanda;  provocada esta última por la alta concentración de la oferta de bienes de consumo, incluso básicos, en las tiendas recaudadoras de Monedas Libremente Convertibles (MLC).

A su vez, la escases de divisas está dada en buena medida porque, hasta el 30 de abril a Cuba solo habían ingresado poco más de 101.000 turistas extranjeros y durante el pasado año Cuba perdió más de 3 millones de turistas. Para que en 2020 nuestra economía creciera solo 1% necesitaba el ingreso de 4,5 millones de turistas. El turismo es a nuestro país lo que era el petróleo a Venezuela.

Pero además, ante la falta de divisas, el Gobierno ha eliminado la venta en los bancos de las monedas libremente convertibles, así como el cambio de ellas en los aeropuertos. Todo esto contribuye al alza en el precio de compra venta de las divisas.

No ha sido principalmente la Tarea Ordenamiento lo que ha provocado el alza brutal del dólar y los precios. La unificación de la moneda y el régimen cambiario han sido los elementos verdaderamente positivos de la llamada Tarea Ordenamiento. Sin embargo, las medidas adoptadas ante la apremiante necesidad de captar divisas, en la práctica han generado un nuevo mecanismo sui géneris de doble moneda, donde el dólar terminó sustituyendo al peso convertible. 

Es cierto que la Tarea Ordenamiento vino acompañada por un aumento considerable del salario nominal, pero a su vez, el Gobierno elevó los precios en el sector estatal, arrastrando consigo al sector privado, y todo ello en medio de una escasez profunda y generalizada. 

Una economía que a duras penas se sostenía con 4 millones de turistas y, en cinco meses solo recibe 101.000 turistas, sin previsiones muy positivas; una economía que en 2020 consumió las reservas de 2019, y en 2020 se desplomó en -11%; una economía por demás, bloqueada por Estados Unidos -sanciones económicas reforzadas por la administración Trump justo en medio de la crisis- ; un país que más del 80% de los alimentos que consumía provenían del extranjero y en 2020 pierde la misma cantidad de dinero que dedicaba a la compra de alimentos; un país donde el dólar en el mercado negro se disparó en un par de meses de 24 a 72 pesos -; todo ello arroja un solo resultado: Cuba vive su peor crisis económica en 30 años.

Es en este escenario donde Comunistas cumple su primer aniversario; muy difícil de celebrar.

En medio de esta crisis, salta una pregunta ¿Qué le importa a las mayorías de la hambreada clase trabajadora que nosotras, nosotros, nosotres, la intelectualidad en pleno clamemos por un poco de libertad de expresión, de supresión de la censura, de expansión de la sociedad civil? Pero a las, les y los intelectuales y artistas nos hace falta expresarnos libremente para poder comer. No es una consigna. Los individuos no pensamos unánimemente e intelectuales y artistas viven esencialmente de expresarse. De ello dependen sus ingresos. Que la intelectualidad reclame la eliminación de la censura es un reclamo, no solo político, sino también económico. 

Por ello existió la tan vilipendiada, manipulada y hermosa noche del 27 de noviembre de 2020. Hoy, se nublan las percepciones, pero lo sucedido aquella noche frente al Ministerio de Cultura es un hecho histórico y marcó un antes y un después en esta crisis que empezamos a vivir desde cuando se cerraron las fronteras y aún no sabemos cuándo, ni cómo concluirá. Ningún intelectual, ni artista pasó indiferente ante esos sucesos, los cuales son narrados y deformados hoy desde los intereses y ópticas personales, grupales y políticos. Mucho de lo sucedido después no tiene relación directa con la noche del 27 de noviembre. No fue el MSI quien convocó a aquella noche, sino el poder movilizativo que genera la necesidad de participar de manera directa en la esfera pública.

Comunistas tiene el orgullo de, a través de su revista teórica La Comuna, haber compilado el único dossier con la casi totalidad de los documentos y principales criterios emitidos en aquella llamada Crisis de Fin de Semana Largo.

Los sucesos del 27 de noviembre, sobre todo, fueron una alerta de que algo sucedía. Sin embargo, la burocracia que inicialmente parecía manejar bien la situación, desplegó y mantiene su mejor batería de censura. El diálogo se ha roto, repite una y otra vez la oposición cultural, sin embargo, esta tampoco quiere reconocer a las instituciones oficiales como su interlocutor.  Mientras tanto, la intelectualidad que trabaja en las instituciones oficiales, sigue viviendo la censura. Tras la expansión del sector de la economía privada –el cual crecerá mucho más por las propias políticas oficiales- una nueva sociedad civil sigue y seguirá creciendo. El Gobierno aún no se percata que, con sus reformas económicas, donde estimula la expansión del sector de la economía privada, fomenta así la expansión de este sector emergente de la sociedad civil. Por el contrario, la burocracia enfrenta a la nueva sociedad civil y nacen así peligrosos y evitables focos de tensión política.  

Pero a las mayorías que no son intelectuales, ni artistas –o no lo pudieron consumar-, a las grandes masas de la clase trabajadora del sector estatal, del privado, del autoempleado y el informal; a esas millones de personas, desempleados y obreros, campesinos y soldados ¿En qué les afecta la censura? ¿Para qué necesitan la libertad de expresión, de creación?

Este ha sido uno de los principales conflictos del Comité Editorial de Comunistas ¿Cómo llevar nuestro mensaje revolucionario a más allá de estas pocas miles de personas que leen cada publicación nuestra?

Lo único que nos gratifica es que nuestra mensaje marxista, heterodoxo, sin compromiso con nada, ni con nadie, como no sea con el horizonte emancipador del comunismo, ha llegado al menos a un grupo de personas y nuestras lecturas les han suscitado preguntas, y estas inquietudes las han terminado llevando a Marx, Lenin, Trotski, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollantai, Antonio Gramsci, Che Guevara y Fidel Castro.

Más de un censor o sus feligreses -que en realidad no pasan de ser patéticos revisionistas, dignos herederos de Kautski- debe haber aplaudido cuando nos vieron estar en silencio durante dos meses y dos días. En buena medida, este largo mutismo ha sucedido porque no recibimos financiamiento de nadie. No condenamos a quienes lo hacen, sería tan estúpido como negar que los intelectuales viven de cobrar por lo que escriben; por tanto, no nos declaramos puros, ni superiores, pero sépase que esta publicación digital y su revista La Comuna se ha hecho sin cobrar ni pagar un centavo. Eso tiene un nombre: militancia comunista.

Tampoco hemos recibido ningún apoyo institucional. No lo queremos y no nos quejamos: ya hemos visto cómo, tras ser aupados por la burocracia, degeneran complacientemente muchos proyectos que alguna vez fueron críticos. 

Pero nuestro compromiso no solo es con Cuba, sino internacional. Desde nuestra pequeñez, Comunistas ha tratado de divulgar las luchas de la clase trabajadora mundial. Por ello es que en nuestros colaboradores se encuentran no pocos camaradas nacidos y radicados en otros países del mundo. Un comunista que no sea internacionalista, que coloque sus intereses nacionales por encima de los intereses de la clase trabajadora, podrá ser de izquierdas, pero como lo eran los Kautsky, Noske y compañía. 

Es en ese socialpatriotismo donde se refugia buena parte del discurso oficial y del cual beben quienes nos critican. Y es ese socialpatriotismo el que entra en crisis cuando tiene delante de sí otra consigna nacionalista como ha sido en este caso Patria y Vida. La consigna Patria y Vida solo se puede desarticular desde Socialismo es Libertad. Porque la patria, es cierto, es de todos, pero hoy, en Cuba, ese “todos” está conformado tanto por la clase trabajadora, como por la naciente burguesía y el sector aburguesado de la burocracia.

Sin consignas políticas y sí desde los intereses de la clase trabajadora toca preguntarse: cuando estamos luchando por un mejor futuro para Cuba, en ese proyecto: ¿Quién tiene  el control de los medios de producción? ¿Los propietarios de los negocios privados –hay quienes les aterra sentirse burguesía- o la clase trabajadora? 

Si en ese proyecto de país futuro quien predomina sea la economía privada, entonces ahí no están los intereses de la clase trabajadora. El bienestar de la clase trabajadora está donde ella tenga el control mayoritario de los medios de producción, donde verdaderamente dirija su propio destino. Esto es una verdad tan evidente que muchas veces la derecha lo intenta enmascarar; y en Cuba, no solo lo hace la derecha, sino también el ala socialreformista de la burocracia. También lo encubre el ala estatista conservadora, que a veces desde un sentir socialista, no es capaz de comprender en los hechos, como hacía Marx, que la democracia construida por la clase trabajadora es el camino al socialismo. 

El agravamiento de la crisis cubana durante estos pasados doce meses, provoca que, más allá del hecho de existir, Comunistas no tenga mucho para celebrar. Sin embargo, por lo poco que hemos logrado, nos felicitamos, y felicitamos también a quien colaboró con Comunistas -de una manera u otra -  y nos damos fuerzas para lo que vendrá.

Durante las crisis, los oportunistas aprovechan para ascender en la burocracia, los burgueses hacen dinero a costa de las necesidades de la clase trabajadora y los revolucionarios construyen la Revolución. Comunistas ha nacido en medio de una crisis y no somos ni oportunistas, ni burgueses. Sabemos muy bien cuál es nuestro papel. 

Con la teoría de Karl Marx, siguiendo el ejemplo político de Lenin, Trotski, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci y Che Guevara y guiados por el Pensamiento Fidel Castro: 

¡Hacia el Comunismo!

Comité Editorial de Comunistas, algún lugar de Cuba, madrugada del 10 de junio de 2021

Nota: Pocas horas antes de publicarse este mensaje han sucedido dos importantes eventos para Cuba. 

Primero, la derecha y ultraderecha del Europarlamento, digna representante del colonialismo, neocolonialismo e imperialismo, condenó al Gobierno cubano por supuestas violaciones de los derechos humanos. De esa manera, los filofranquistas Partido Popular y Vox, racistas y xenófobos, se presentan patéticamente como paladines de la libertad cubana. Es curioso ver cómo en España, quienes se sienten herederos de los militares que combatieron contra el Ejército Libertador, se quieran presentar ahora como los salvadores de Cuba libre.  

Lo segundo atañe mucho más de cerca a la clase trabajadora cubana. Minutos antes de publicarse este documento, el Gobierno ha anunciado que a partir del 21 de junio los bancos no recibirán dólares en efectivo. Han transcurrido solo horas desde que se decretó la nueva restricción. Por tanto es muy temprano para prever qué impacto pueda tener esta medida en la cotidianidad de la clase trabajadora. 

Sin embargo -en un intento de especulación prematura-, pudiera ser que el euro desplace al dólar y asuma el papel que la divisa estadounidense tenía en el mercado negro y la economía familiar. Si es así, a las mayorías desposeídas esto le resultará igual. 

Por el momento, todo es pura especulación. En quien hay que pensar y a quienes el Gobierno debe dar mejores explicaciones, es a la clase trabajadora. Al mismo tiempo, se debe tener en cuenta que son pocos quienes tienen dólares en las tarjetas MLC y muchas de esas personas están muy lejos de ser nuevos ricos. A ellas se les debe aclaraciones más certeras. El Gobierno estimuló durante estos meses de crisis la tenencia del dólar. Ahora debe hacerse responsable de ello. Pero en medio de esta incertidumbre hay algo innegable: esta es una medida que solo denota la gravedad e inestabilidad de la crisis económica.  

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