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Acerca de la libertad de tendencia en Cuba

 por Frank García Hernández


La libertad de tendencia fue uno de los principales reclamos del Partido Obrero Revolucionario (trotskista), organización marxista cubana desparecida en 1973. Hoy, 21 de febrero de 2022, cuando se cumplen exactamente 174 años de haber sido publicado El Manifiesto Comunista y casi cinco décadas después de verse obligado a desaparecer el POR(t), la libertad de tendencia no solo es un tema postergado por la burocracia cubana, sino también condenado.

El principal motivo por el cual el POR (t) desapareció fue la constante persecución desatada por los sectores estalinistas de la burocracia contra el trotskismo. El punto extremo de estas persecuciones fue que en 1973, los miembros del debilitado núcleo trotskista cubano fueron detenidos, enjuiciados y condenados a años de prisión. El último militante actualmente vivo del POR (t), Juan León Ferrera -quien al ser encarcelado en 1973 era el secretario organizador del partido-, narra que cuando él y sus camaradas llegaron a la cárcel, hicieron una reunión en el patio con el resto de los presos para decirles: “¡Estamos presos porque somos comunistas!”.

Entre las acusaciones que la fiscalía imputó a los trotskistas cubanos organizados en el POR (t) fue estar coordinados por una organización extranjera y divulgar su propaganda política. La fiscalía se refería a la IV Internacional Posadista, tendencia a la cual los trotskistas cubanos se habían adherido. De esta manera, paradójicamente, en Cuba condenaban a los militantes del POR (t) por practicar el internacionalismo proletario. 

En el artículo 18 de los estatutos vigentes del Partido Comunista de Cuba -en el poder-, se especifica que “es incompatible con los principios organizativos del partido la existencia de fracciones”. En el citado documento se agrega que “es grave infracción de las normas y de la disciplina partidista organizarlas, pertenecer a ellas”. En los estatutos no solo se condena la existencia de fracciones, sino que también se llama a combatirlas, pues para el PCC es igual de “grave” el “conocer de su existencia y no combatirlas o abstenerse de informar oportunamente a la organización u organismo correspondiente”. 

 

Estalinismo versus democracia obrera

El PCC olvida que estando Lenin al frente de la Rusia soviética, entre 1917 y 1921 existieron dentro del partido bolchevique al menos tres fracciones: centralistas democráticos -decistas-, la Oposición Militar y quizá la más fuerte, Oposición Obrera. A su vez, los debates de la Oposición Obrera generaron al menos otras dos fracciones: una conformada por Trotski y otra por Bujarin. Pero en el Pravda -el periódico oficial del partido bolchevique- no solo se publicaron los discursos y artículos de Lenin criticando a la Oposición Obrera -y a la vez a las fracciones de Trotski y Bujarin-: en Pravda también se publicaban los textos de la Oposición Obrera, Trotski y Bujarin.

Nunca fueron perseguidos quienes habían formado parte de alguna fracción. Si bien es cierto que el levantamiento de Kronstad en 1921 provocó la “interdicción de fracciones”, para 1923 -con la anuencia de Lenin- se constituyó la Oposición de Izquierda dirigida por Trotski. Solo una fracción fue prohibida, sus principales dirigentes expulsados del partido y su líder apresado: cuando Stalin vio peligrar su poder, en 1927 prohibió la Oposición Unida, conformada entonces por Trotski, Kámenev y Zinoviev.

Una vez que Stalin prohibió en 1927 la Oposición Unida -desterrado Trotski en 1928 a Kazajstán para terminar siendo expulsado de la Unión Soviética en 1929-, en el Partido Comunista se estableció como norma la persecución contra las diferencias políticas. Cuando en 1928 comenzaron las polémicas sobre si continuar aplicando o no la NEP, la propaganda estalinista descalificó al bloque de Bujarin nombrándolo “oposición de derechas”. Con las purgas estalinistas -donde Bujarin, Kámenev y Zinoviev fueron fusilados- terminó por desaparecer todo intento de constituir alguna oposición dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética. Aparentemente, el PCUS se convirtió cada vez más en un bloque monolítico.

Uno de los mayores crímenes del estalinismo es haber normalizado, estimulado y propagado las prácticas represoras en los partidos comunistas. Siguiendo el ejemplo que emanaba del primer “Estado obrero” -y en el momento el único-, los partidos comunistas orientados por Moscú -y más tarde todas tendencias derivadas del estalinismo- persiguieron cualquier intento de fracciones a la interna de ellos. La unidad de la clase trabajadora pasó a entenderse como la unanimidad de la clase trabajadora.

La existencia de fracciones es inherente a cualquier organización. Aún y estando unidos los militantes de una organización en una ideal político común, es imposible que miles de personas permanezcan siempre unánimemente de acuerdo. Ante un hecho determinado, pueden nacer diferencias de criterios, algo que crece en tiempos de crisis políticas. Estas diferencias políticas tienden provocar la creación de grupos dentro de una misma organización. Como sucedía dentro del partido bolchevique, cuando se aprende a encontrar utilidad en la pluralidad, las diferencias enriquecen y no restan.

 

La juventud cubana: entre la apatía, la derecha, el oportunismo y la izquierda crítica

Muy poco sabemos qué sucede al interior del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, pero fueron obvias las diferencias durante el proceso de restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos. Actualmente, en el Comité Central del PCC es evidente que existen posiciones antagónicas respecto a la expansión del sector de la economía privada. Esto no habla de una crisis en la dirección del Partido Comunista: es el funcionamiento natural de una organización política ante una crisis económica.

A pesar de todos sus errores, durante más de sesenta años el PCC logró sembrar la idea de que solo a través del socialismo se conquista el bienestar de la clase trabajadora. En consecuencia, la actual izquierda crítica cubana también es resultado del trabajo político desarrollado por el PCC.

Mientras la apatía política y la expansión de la derecha crece en la juventud cubana, también se extiende la idea de que es necesario otro socialismo. Por tanto, no es de extrañar que fuera de las estructuras establecidas por la burocracia continúen naciendo nuevos colectivos y publicaciones socialistas; cada vez más críticos y cada vez más revolucionarios.

En contraste, la burocracia cubana crea sus propios “jóvenes críticos” para así dar una imagen -falsa- de que no solo se permiten diferentes visiones socialistas, sino además se estimulan. Con esto, la burocracia solo logra tres cosas: estimular un pensamiento estéril y reproductor; autoengañarse creyendo que la juventud tiene un discurso similar al de sus jóvenes oportunistas; y, paradójicamente, crear más apatía entre la juventud. Esto último se debe a que las mayorías populares ven a los jóvenes supuestamente críticos, como los nuevos repetidores del viejo discurso pre elaborado. El discurso de estos oportunistas provoca que los sectores de la juventud cubana tendientes a la apatía política terminen alejándose aún más de todo lo relativo al socialismo.

Uno de los argumentos más “revolucionarios” que se les puede escuchar a esos jóvenes supuestamente críticos es pretender cambiar a la burocracia desde dentro de la burocracia. Ello implica ocupar cargos y oportunamente convertirse en burocracia. De esa manera, a estos jóvenes oportunistas se les ve ascender en las estructuras. Mientras más ascienden en la burocracia, más desaparece el supuesto discurso crítico que inicialmente los caracterizó. La “revolucionaria” táctica de querer transformar la burocracia desde adentro no es un error: es la estrategia que desarrollan estos jóvenes oportunistas para convertirse en dirigentes -o tener cargos similares-, y con ello, disfrutar las prebendas de la burocracia.

Esta supuesta “táctica” -que ya vemos es una estrategia para acumular prebendas- evidencia la muy poca o nula confianza que tienen los jóvenes oportunistas en la clase trabajadora. El comportamiento de estos jóvenes oportunistas es el típico estilo de los Gorbachov, Yeltsin y compañía que pretendieron “cambiar” la Unión Soviética y solo trajeron con ellos al antiguo régimen.

Es obvio, bello y revolucionario que no se puede concordar con toda la izquierda crítica cubana actual. Es muy probable -y deseable- que tampoco habrá un discurso unánime por parte de quienes en el futuro se articulen en Cuba para construir un nuevo socialismo. Pero esta izquierda crítica debe aprender nutrirse de las diferencias de criterios que existe a su interior. Si la unanimidad es el suicidio de la revolución, tampoco se puede optar por el sectarismo de las organizaciones revolucionarias enfrentadas entre ellas. El sectarismo ha provocado que en no pocas ocasiones, organizaciones revolucionarias se enfrenten entre ellas con más fuerza que contra el Estado burgués.

Juan León Ferrera y Jesús Andrés Vázquez -este último fungía como secretario de relaciones exteriores del POR(t)- fueron condenados a nueve años de prisión. Idalberto Ferrera, secretario general del POR (t), fue sancionado a 12 años de prisión, de los cuales cumplió cinco años. El único crimen cometido por estos tres hombres fue haber sido trotskistas y, sobre todo, construir un partido trotskista. Hoy Cuba vive su más grave crisis económica y política en treinta años: solo en el socialismo está la salida. La historia, es decir, la lucha de clases, ha demostrado que cuando se pretende construir el socialismo sin libertad, el resultado final es la restauración del capitalismo.

 

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