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"Como polvo en el viento" o la cárcel panóptica de hoy

Consideraciones de un lector, a propósito de la última novela de Leonardo Padura "Como polvo en el viento"

Por: Ramírez da Silva


"Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser un esclavo".

Roy Batty en Blade Runner.


 La más reciente novela de Leonardo Padura, "Como polvo en el viento", de (Tusquets, 2020) es una de esos libros que no son un simple entretenimiento, es una obra sugerente, que habla sobre y para la realidad.

"Como polvo en el viento" es la historia de un grupo de amigos que ha sobrevivido a un destino de exilio y dispersión, en Barcelona, en el extremo noroeste de Estados Unidos, en Madrid, en Puerto Rico, en Buenos Aires... ¿Qué ha hecho la vida con ellos, que se habían querido tanto? ¿Qué ha pasado con los que se fueron y con los que decidieron quedarse? ¿Cómo les ha cambiado el tiempo? ¿Volverá a reunirlos el magnetismo del sentimiento de pertenencia, la fuerza de los afectos? ¿O sus vidas son ya polvo en el viento?


Está claro que la literatura, aún y pretenda ser crítica y reflexiva, no es filosofía, pero tiene mucho de ella en su naturaleza, o puede tenerla, para no ser tan sentencioso. Diría que quien pretenda hacer filosofía en Cuba debe abordar una serie de temáticas  de una transversalidad y trascendencia radical. La filosofía, por más que algunos así lo crean, no trata sobre universales abstractos, trata sobre la realidad que nos toca vivir, esa realidad es su sustento y combustible. 

La novela aborda esos temas transversales y trascendentales. Por tanto, es mucho más filosófica que otros textos con esa etiqueta, que versan sobre cuestiones secundarias o directamente de tercer orden. 

Padura no pretende hacer una obra de filosofía cubana, eso está claro, pero con su relato y las reflexiones que pone en boca de los personajes,  asistimos a un verdadero ejercicio dialéctico en el sentido clásico del término; son personas que emiten sus criterios, ideas y sensaciones sobre diversos temas, a veces de manera contrapuesta, otras de manera casi coincidente. Se emite, de esta manera, el sentir existencial de cubanos y no cubanos, jóvenes y no tan jóvenes, residentes en la isla o exiliados, de origen marginal o acomodado. 

La obra no tiene esquematismo alguno, es un retrato vivo y vibrante de la realidad, retrato que es necesariamente parcial, porque así son las perspectivas de los distintos personajes y si no peca de esquematismo es porque estos quedan completamente desvirtuados. vale cuestionarse, entonces, si se puede escapar del perspectivismo en literatura o fuera de ella. 


Lo real es muy complejo como para que cuatro ideas rígidas puedan expresar su riqueza en matices, y de esto va la novela, de cómo nada es ni blanco ni negro: desde un niño de origen extremadamente marginal que se salva en gran medida gracias a un sistema educativo gratuito y universal, pero también del miedo persistente y corrosivo presente en toda conversación, la paranoia de pensar que te están escuchando, y aunque esta sensación sea muchas veces solo paranoia, dicha paranoia es entendible porque existe la posibilidad de estar siendo escuchado, investigado etc. Es la posibilidad del hecho lo que hace que nos sintamos vigilados, no el hecho en sí mismo de estarlo, así funcionan las cárceles panópticas. El miedo nos hace sentir como esclavos, el que tiene miedo no es plenamente libre. 

El tema central de la novela no es la relación de amistad entre los personajes principales, ni el misterio alrededor de la muerte de Walter o la huida de Elisa, estas son las excusas, para hablar de algo que al autor obsesiona mucho, a saber, las generaciones, en especial su generación. Si hay una tesis sugerente en esta obra, que ya se había expuesto en otras, pero es en esta donde se hace con mayor claridad y extensión, es la diferencia entre las generaciones de cubanos nacidos en los 50 y 60, y los nacidos en la década del 90 en adelante. 

Esta diferencia casi  ontológica, se debe, y es obvio decirlo, a la caída del comunismo europeo, la crisis del denominado Período Especial, las causas jurídicas (1 y 2) del 89 y todo el descreimiento que las mismas generaron. La diferencia, a mi juicio, es que los nacidos en los 50 y 60 creían con más o menos ardor, pero creían en su tarea histórica, estaban de alguna manera convencidos que lo que hacían significaría la consolidación de un sistema verdaderamente justo, humano, de abundancia material y solidaridad plenas, este ardor ya no estaba impreso en el ADN de los nacidos y criados en los 90. Tal diferencia es para Padura mucho más fundamental que la de exiliado o residente en la isla, es decir, los cubanos de la misma generación tienen más en común entre si, aunque vivan en países distintos, que los cubanos que viven en un mismo país, pero son de distintas generaciones. 

El dialogo entre Ramsés, recién llegando a Barcelona, y su padre Darío, es donde mejor expresada esta esa idea. Idea que, hay que decirlo, dinamita todo el mito de la continuidad que se vende por los órganos de difusión masiva. No existe continuidad, porque lo que existe es una gran diferencia sensitiva y percepción de la realidad entre las distintas generaciones de cubanos nacidos antes y después de la revolución y del Periodo especial. Una continuidad literal es imposible, en todo caso hay que pensar un relevo que asuma las grandes diferencias entre las épocas y los actores sociales, que se van incorporando a nuestra vida nacional. Una continuidad que piensa que todo sigue igual o que lo pretenda, no es más que pura sombra o espejismo, no tiene ningún valor ni de vencer, ni de convencer. 

Otro tema que es de mucha vigencia y de alguna manera ha sido poco comentado, es la importancia de los animales en la novela (que ya había sido tratada, de alguna manera, en otros libros y en particular en El hombre que amaba los perros). La relación de Marcos y Ramsés con el perro doberman, Danger es de  amistad genuina, mucho más que la de otras amistades tóxicas o superficiales, que se muestran en la obra, como la de Walter y el resto del grupo, en especial con Fabio. 

Por otra parte, se puede decir que Padura va más allá de la amistad, el aprecio o el cariño, que se tienen en las buenas relaciones entre dueños y mascotas, sino que se pueden entablar relaciones mucho más complejas como la de Elisa y el caballo Ringo, donde ya no solo hay philos o ágape, sino que hay una verdadera y radical comunicación entre ambos sujetos, se llegan a compenetrar de una manera tan armoniosa, que quizás se pueda decir que el momento más desgarrador de la novela no es la muerte de ninguno de los amigos humanos, sino el sacrifico de Ringo.

El libro aborda otros temas como la relación de los cubanos con la religión, como fármaco para resistir; e incluso, a veces, como clavo ardiente al que aferrarse para no caer en el abismo. También son abordadas las grandes carencias materiales de los cubanos,  además de sus grandísimos privilegios, cuyo momento más impactante es la mirada de incomprensión de un haitiano a Horacio, al llegar por mar a los Estados Unidos y ser inmediatamente atendido y ayudado, solo por el hecho de ser cubano. Este y otros son recordatorios de que para que unos tengan tanto, otros han de no tener nada o menos que nada. En fin, son muchas las aristas de esta novela. Su lectura puede conseguir despertar en el lector estas inquietudes y  más. 

 Al comienzo, decía que el que pretenda hacer filosofía en Cuba, o en cualquier otro lado, debe reflexionar y pensar sobre la realidad. Asumo que quien quiera hacer filosofía en Cuba, tiene que tratar el tema de la diáspora cubana residente en Miami, Madrid, Buenos Aires, en el mundo entero. El que pretenda hacer filosofía en Cuba, tiene que abordar el tema de las generaciones, de la religión, del trato a los animales, y, por tanto, no le vendría mal leer a Padura, leer "Como polvo en el viento", una novela para estremecer.

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