Trotski: un retrato de la Cuba actual

Es asombrosa la similitud entre Cuba y la Unión Soviética estalinista en lo que respecta a la degeneración política. Reproducimos de inmediato unos escasos fragmentos del artículo de Trotski “¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo?” publicado en 1930; o sea: ¡hace ya 92 años! y sin embargo parecerá que se está describiendo a la Cuba actual. Que la clase trabajadora cubana sepa emplear los análisis de Trotski, no solo para analizar la crisis, sino también para solucionar la crisis.



“¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo?”

Por León Trotski

(…) a partir de la revolución proletaria, pueden surgir y desarrollarse profundas diferencias en el seno del partido dominante, que adquieren un carácter fraccional. Esta situación no se cambia con una mera prohibición.

La lucha inevitable sobre cual es la vía a seguir -en la medida en que la misma se libra no sólo con base en la dictadura sino también en beneficio suyo- debe darse con métodos que reduzcan estrictamente al mínimo el costo de elaborar una línea política correcta. Pero la burocracia estalinista ha tratado de deshacerse lisa y llanamente del precio político que hay que pagar por la existencia del partido. Sin embargo, lamentablemente, el costo se eleva como consecuencia de la política oscilante de la burocracia. Estas oscilaciones son parte inseparable del régimen de un aparato que escapó al control de un partido y elude en todas las ocasiones la responsabilidad de sus propios errores. Sería funesto imaginar que la dictadura del proletariado tiene derecho a oscilar indefinidamente. Por el contrario, este “crédito” histórico es limitado.

(…)

Si en verdad la base socialista se ha consolidado internamente, el peligro externo no explica la burocratización del régimen. Una sociedad socialista sería perfectamente capaz de combatir a los enemigos externos sobre la ba­se de la democracia más amplia, plena e ilimitada. No; el hecho de que el régimen empeore sistemáticamente sólo puede obedecer a razones internas. La presión externa sólo se explica en su ligazón con las relaciones in­ternas entre las clases.

Quien explique y justifique el carácter represivo del régimen interno como derivación de la necesidad de combatir un enemigo interno, reconoce implícitamente que, en los últimos años, se produjo una modificación de las relaciones de fuerza en un sentido desfavorable al proletariado y su partido.

Es aún menos fácil de comprender por qué toda manifestación de desacuerdo con la dirección, léase la fracción stalinista militarizada, todo esbozo de crítica, toda propuesta no anticipada por “la cúpula”, provocan un pogromo inmediato y organizado, realizado en silencio como una pantomima, después del cual viene una “liquidación” teórica parecida a un rito funerario cantado por sacristanes y maestros de coro tomados de las filas de los profesores rojos.

Afirmar que el régimen que impera actualmente en el partido es el único posible y que su evolución es natural e irreversible implica afirmar que el partido, y con él la revolución, han muerto.

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Otro elemento de peligro lo constituye la degeneración del aparato de la dictadura. La burocracia reinstauró muchas de las características de una clase dominante, y así lo ven las masas obreras. La lucha que libra la burocracia por su supervivencia ahoga la vida espiritual de las masas al fomentar conscientemente en ellas nuevas ilusiones no revolucionarias, impidiendo así que las ilusiones perdidas sean remplazadas por una comprensión realista de lo que está ocurriendo. Desde el punto de vista marxista, es evidente que la burocracia soviética no puede convertirse en una nueva clase dominante. Su aislamiento y su creciente función social de mando conducen inexorablemente a una crisis de la dictadura que no podrá resolverse sino por un re­nacimiento de la revolución sobre bases más profundas o a través de la reinstauración de la sociedad burguesa. Es precisamente la inminencia de la segunda alternativa, que todos sienten aunque pocos la comprendan claramente, lo que crea esta extrema tensión en el régimen.

(…)

La funesta osificación del aparato partidario no es producto meramente de contradicciones objetivas, sino el resultado de la historia concreta de una dirección en particular, por intermedio de la cual se infiltraron dichas contradicciones. En esta dirección, con su selec­ción artificial de individuos en la base y en la cumbre, se cristalizan todos los errores del pasado y se sientan las bases de los errores futuros. Y sobre todo, es esta dirección la que contiene los gérmenes de su mayor degeneración bonapartista. Aquí se ocultan los peligros más amenazantes, graves e inmediatos que acechan a la Revolución de Octubre.

(…)

La discusión de los problemas, la lucha ideológica, las reuniones y congresos han desaparecido, y en su lugar están la agencia de información intrapartidaria, la intercepción de comunicaciones telefónicas y la censura de la correspondencia.

(…)

El espíritu de rebaño y el seguidismo caracterizan perfectamente los períodos de traición y degeneración. El bolchevismo nació en la lucha contra éstos. La Oposición de Izquierda continúa esa línea histórica. Su deber consiste, no en diluirse en el centrismo sino en desplegar mayor actividad.

25 de abril de 1930


Estos fragmentos han sido tomados de la edición de “¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo?” publicada por el Centro de Estudios, Investigación y Publicaciones León Trotski.  Dibujo: Ramiro Zardoya.

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