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Ni Washington, ni Pekín: Cuba socialista. Una respuesta al artículo de Yunier Mena Cuba: el futuro a debate





Por Frank García Hernández

Recientemente, el joven filólogo cubano Yunier Mena publicó en Comunistas un polémico artículo pidiendo la introducción de profundas reformas capitalistas en Cuba, las cuales tendrían lugar bajo el control de una supuesta futura democracia obrera -que paradójicamente otorgaría “la máxima participación al capital privado nacional y extranjero en todos los sectores de la producción” -. El texto, que ha generado interesantes reacciones, en realidad solo presenta la actual política económica cubana, es decir, la aplicación del “socialismo de mercado” o “socialismo chino” -cuando en realidad hasta Cristina Fernández admiradora del, como ella lo nombra, “notable Xi Jinping” dice públicamente que China es capitalista-.

Sin embargo, el texto de Mena es más coherente con el marxismo que la burocracia cubana -la cual tiene una dudosa relación con Marx-. En el citado artículo se habla de reformas capitalistas bajo la presencia de una fuerte democracia obrera con la finalidad de en algún momento detenerlas y deponerlas, decisión la cual tendría lugar cuando inicie la Revolución mundial: algo similar a la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin. Por su parte, el gobierno cubano no plantea la introducción de reformas capitalistas de manera provisional, sino que las ha construido como parte intrínseca de su sistema económico.

 

¿Retroceder para avanzar o el repliegue como camino?

A partir de 1994 Fidel Castro autorizó unas tímidas reformas liberales, las cuales él mismo presentaba como un retroceso político y advertía que tendrían un carácter provisional. Tras la llegada de Hugo Chávez al poder, la economía cubana se vio considerablemente fortalecida al punto que algunos especialistas dan al 2001 como el año en el cual finalizó el Periodo Especial -dígase, la crisis económica generada tras la desaparición de la Unión Soviética-. En aquel favorable escenario económico, Fidel Castro dio marcha atrás a las reformas, congelando el otorgamiento de permisos para negocios privados y reduciendo a los mismos a un límite casi imperceptible.

Algo similar sucedió con la Nueva Política Económica -NEP- a la cual Lenin también la entendía como un retroceso. Sin embargo, respecto a la introducción de reformas liberales, Lenin fue mucho más lejos que Fidel, llegando a crear sociedades mixtas donde participaban “capitalistas privados -rusos y extranjeros- y comunistas”, según las describía el máximo líder bolchevique en el XI Congreso del Partido Comunista. En el XI congreso del partido bolchevique Lenin advertía que Rusia debía “permanecer cierto tiempo en medio de relaciones capitalistas”, al punto de reconocer la existencia del capitalismo de Estado controlado por el Estado obrero soviético:

“El capitalismo de Estado, según toda la literatura económica, es el capitalismo que existe bajo un régimen capitalista, cuando el poder estatal subordina directamente a sí mismo estas o las otras empresas capitalistas. Pero nuestro Estado es proletario, se apoya en el proletariado, da al proletariado todas las ventajas políticas y a través del proletariado atrae hacia sí a los campesinos, partiendo desde abajo.  El capitalismo de Estado es el capitalismo que nosotros sabremos limitar, al que sabremos fijar límites, (…). Capitalismo de Estado es el capitalismo que debemos colocar dentro de un determinado marco y que aún hoy no sabemos cómo hacerlo (…). Y ahora depende de nosotros cómo será este capitalismo de Estado. (…).

Esta es una situación sin precedentes en la historia: el proletariado, la vanguardia revolucionaria, posee un poder político absolutamente suficiente y al lado de éste existe el capitalismo de Estado. El quid de la cuestión consiste en que nosotros comprendamos que éste es el capitalismo que podemos y debemos admitir, que podemos y debemos encuadrar dentro de un marco, ya que este capitalismo es necesario para la extensa masa campesina y para el capital privado, el cual debe comerciar de manera que satisfaga las necesidades de los campesinos.

Es indispensable poner las cosas de manera que sea posible el curso corriente de la economía capitalista y el intercambio capitalista, ya que el pueblo lo necesita, sin esto no se puede vivir”.

Pero si estas palabras de Lenin parecieran escandalosas -sería interesante ver qué dijeran hoy al respecto algunas organizaciones marxistas-, es necesario ver que el líder bolchevique hace una marcada diferenciación entre el Estado obrero y el capitalismo de Estado. Es decir, Lenin hace énfasis en el Estado obrero controlando a los capitalistas y asume estas medidas como un repliegue político momentáneo, no el camino a seguir. Desgraciadamente, las reformas capitalistas de la NEP no fueron sustituidas por una economía de control obrero, sino que se impuso la estatización estalinista tras ser derrotada en 1930 la llamada “oposición de derecha”, principalmente encabezada por Bujarin.

 

Che versus NEP

Si en Cuba la propaganda oficial encierra cada vez más al Che Guevara en cómodas consignas, es porque la ideología del Che es plenamente anticapitalista y chocaría con la expansión del sector de la economía privada llevado a cabo por la burocracia cubana. Aunque no tan detalladamente como lo hiciera Trotski, Che Guevara es la única gran figura del marxismo que logró prever la caída de la Unión Soviética décadas antes de esta debacle. Sin embargo, Che Guevara no ubica a la degeneración política causada por el estalinismo como el principal motivo de la caída de la Unión Soviética, sino que culpa a la NEP. De esa manera, Che pasaba por alto que la NEP existió en la Rusia soviética menos de cinco años, pero Stalin gobernó sin Lenin, ni Trotski desde 1929 hasta 1953, estableciéndose así prácticas irreversibles. El principal referente de Brezhnev no era la NEP, sino Stalin. Sin embargo, esto no descalifica las advertencias del Che Guevara sobre qué sucede cuando se introduce el capitalismo en el intento de construir el socialismo.

Ejemplo de esto fue el discurso que Che Guevara impartiera en Argel, 1965. En dicha intervención -que para mejor comprensión de su público pronunció en francés- Che Guevara advierte que solo cuando se elimina la explotación del ser humano por el ser humano se puede hablar de socialismo; cuando se avanza en suprimir la explotación del ser humano por el ser humano, pero esta no ha desaparecido por completo, no se puede hablar de socialismo, sino de construcción del socialismo y; cuando la eliminación de la explotación del ser humano por el ser humano no solo se estanca, sino que además avanza la explotación, entonces ni siquiera se puede hablar de construcción del socialismo.

Que el Che Guevara haya pronunciado dichas palabras solo sirve para darle a esa tesis un fuerte amparo político, pero lo hubiera dicho el Che o no, el citado fragmento del discurso de Argel describe los hechos. No se puede hablar de que se está construyendo el socialismo cuando se autoriza, se estimula y se pone como parte intrínseca a la burguesía como parte intrínseca de la construcción del socialismo. Menos aún cuando, como sabemos, muchos de los dirigentes cubanos -ministros y viceministros- tienen vínculos directos o indirectos con negocios privados.

No podemos decir que en Cuba se está construyendo el socialismo cuando se desmonta el sector estatal de la gastronomía y se potencia en el sector de la economía privada; no podemos hablar de que se construye el socialismo cuando se aplica un paquete de medidas económicas tan en contra de la clase trabajadora como la Tarea Ordenamiento. No podemos hablar de construcción del socialismo cuando desde el gobierno, dirigido por el Partido Comunista, se alienta a la expansión de la economía privada, o sea, al crecimiento de la burguesía.

Es evidente entonces por lo cual el Che Guevara aparece más en mercadillos para turistas convertido en artesanía y no en las publicaciones de las editoriales cubanas, en la prensa oficial y ni siquiera su imagen entre los retratos de las figuras históricas que presidieron el VIII Congreso del Partido Comunista.

Claro está que los defensores de la burocracia cubana se rasgan las vestiduras con el artículo de Mena y son ciegos ante la realidad. Pareciera que viven en el comunismo, o al menos en el socialismo. Cuando leen cualquier crítica -lo cual es solo describir la realidad- responden por qué no se habla de “las cosas buenas” que hay en Cuba. Es decir: no tienen respuesta. Pero ello no es raro, por lo general estos defensores de la burocracia cubana deben prebendas y las quieren conservar. En realidad, la burocracia solo señalaría al artículo de Mena que este propone la democracia obrera, o sea: su salida del poder.

 

¿Democracia obrera capitalista?

Es precisamente aquí donde más se traba el texto de Mena. Una NEP solo puede emplearse si se aplica bajo una democracia obrera. En lo que respecta a Cuba no se debe olvidar que la burocracia cubana nunca va a abandonar sus cargos políticos, porque implicaría también abandonar su existencia como burocracia; y una democracia obrera en Cuba implica que la burocracia cubana salga del poder.

Esto último no es una consigna abstracta. La clase trabajadora cubana no tiene instrumentos políticos institucionalizados para controlar las decisiones de la burocracia. La Tarea Ordenamiento fue aplicada inconsultamente, y unas muy pocas medidas fueron modificadas tras el fuerte descontento social -al ya ser aplicadas el mencionado paquete económico-.

En el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, quien aparecía como la cara visible de la Tarea Ordenamiento, Marino Murillo, fue separado del Comité Central y la comisión que este dirigía, disuelta. Sin embargo, la Tarea Ordenamiento -que orgullosamente aplicó Murino Murillo, por orden del Buró Político- continúa casi intacta.  

La burocracia cubana es irreformable. Solo una segunda Revolución socialista logrará en Cuba una democracia obrera. La burocracia cubana, fuertemente vinculada a la burguesía -clase la cual resucitó, ampara y estimula su crecimiento-, no va a desprenderse de sus negocios en el sector de la economía privada, ni despojarse de sus prebendas. En la actualidad, la burocracia cubana presenta a la introducción del sector de la economía privada como parte del “socialismo próspero y sostenible” que pretende construir, al punto de reconocer a la propiedad privada en la constitución -artículo 22, inciso D-.  Matizada con eufemismos como “emprendimientos”, “proyectos”, o empleando incluso falsamente el término “cooperativas”, el sector de la economía privada, amparada por el Partido Comunista, avanza más victoriosamente que el socialismo.

Ni la clase trabajadora cubana puede controlar las decisiones del gobierno, ni la clase trabajadora puede decidir qué hacer con sus medios de producción y la riqueza que ella misma produce. Si la clase trabajadora cubana hubiese tenido el control político y económico, en medio de la gran crisis alimentaria y de medicamentos que caracterizó al 2021, no habría autorizado destinar al turismo más del 50% del presupuesto estatal.

Si una segunda Revolución socialista cubana -que construiría la democracia obrera- naciera dando “la máxima participación al capital privado nacional y extranjero en todos los sectores de la producción” -como dice Mena en su artículo-, entonces no sería una Revolución socialista, ni construiría la democracia obrera. Mena reproduce en su texto el actual desvarío de la burocracia cubana que le cuesta cada vez más un alto precio político: proclamar en sus consignas la construcción del socialismo, mientras estimula la expansión del sector privado de la economía. Mena olvida además que sin control de los medios de producción no hay poder político. En la fórmula de Mena solo caben dos probabilidades: o la dirección de la democracia obrera degenera políticamente, implicándose paulatinamente en el sector de la economía privada y por tanto convirtiéndose en burguesía; o la democracia obrera es derrocada por la burguesía quien, una vez controla los principales medios de producción, solo vería en el gobierno comunista un obstáculo para su pleno desarrollo. 

¿Qué sentido tiene hacer una Revolución socialista para que esa misma democracia obrera entregue sus medios de producción a la burguesía? La segunda Revolución socialista cubana tiene que ser lo suficientemente revolucionaria como para romper desde cero con todo modelo establecido por el capitalismo y la estatización estalinista. Que la NEP haya sido aplicada por Lenin, no implica obligatoriamente que ante el retraso de la Revolución mundial el Estado obrero adopte al capitalismo de Estado como modelo económico provisional.

La burguesía, cuando tenga la “máxima participación en todos los niveles de la producción” no entregará sus propiedades. El capitalismo en Cuba -lléguese a este ya sea por Washington o Pekín-, ni en ningún lugar del mundo, será la solución para la crisis que vive la clase trabajadora. La terapia del shock económico neoliberal a niveles como los de Latinoamericana y la Rusia post soviética, será el escenario que vivirá Cuba en el caso de una caída inmediata de la actual burocracia. El acelerado enriquecimiento de la nueva burguesía, aupada y custodiada por la burocracia -la cual también se ha ido convirtiendo en burguesía- es lo que le espera a Cuba si el gobierno continúa aplicando -no importa el ritmo- un modelo similar al “socialismo de mercado”.

Cristina Fernández estaría muy contenta de leer el artículo del “notable” Yunier Mena; Lenin lo leería con la misma duda que le profesaba a Bujarin y el Che le diría al joven filólogo que en su artículo no se habla, ni siquiera, de la construcción del socialismo.


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